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Terapia Individual de Adultos

Terapia Individual de Adultos

Nosotros en CEPPAS vemos al ser humano como un sistema en que se integran aspectos biológicos, psicológicos, familiares, socio-culturales y espirituales. Como nos centramos especialmente en las áreas del temperamento y la personalidad, nuestra forma de trabajo en Terapia Individual incorpora diversas maneras de facilitar el autoconocimiento a través del Eneagrama y de otras herramientas terapéuticas, teniendo presente que el tipo de síntoma y el momento en que surge nos está indicando algo muy significativo en la vida de nuestro paciente.

Consecuentemente, en cada paciente evaluamos su temperamento, personalidad, salud mental (depresión, ansiedad, estrés, obsesiones, problemas conductuales, entre otros), relación de pareja, sistema familiar y sexualidad. De este modo elaboramos objetivos terapéuticos muy concretos para que podamos confirmar si se están alcanzando o no.

Todos los terapeutas que trabajamos en CEPPAS asumimos siempre un rol activo y de psicoeducación, para evitar las recaídas y la sustitución de síntomas o de conflictos, pero también esperamos que el paciente sea un individuo que participe en todas las sesiones en su propio proceso, dentro de una experiencia colaborativa, llevando siempre una bitácora por escrito de la terapia y de sus avances, así como de la comprensión de la funcionalidad (beneficio secundario) del síntoma o conflicto. Para esto, trabajamos desde un modelo multiteórico, basado en lo histórico- narrativo y, además, pragmático, donde son importantes las tareas prácticas y de reflexión fuera de la sesión terapéutica.

Para esto, utilizamos aquellas estrategias de trabajo personal que hemos ido desarrollando en nuestro centro, tales como el desarrollo de la autoobservacion en torno al propio Eneatipo, las fortalezas y defectos relativos de la personalidad, la pirámide de prioridades en la vida, las expectativas vitales, nuestras conocidas reglas de la comunicación y negociación en el caso de haber conflictos relacionales y muchas otras técnicas psicoeducativas.

Sean los motivos de consulta referentes a Síndromes Depresivos, Ansiosos, Fobias, Obsesiones, Descontrol de Impulsos, Adicciones, Trastornos de Personalidad, Problemas Conductuales, Dificultades en manejo de Enfermedades Crónicas, Conflictos Laborales o problemáticas más específicas, nuestro equipo evaluará pertinentemente a cada paciente para ofrecer un tratamiento de alta especialidad.

Tú eres el grave problema…

Tú eres el grave problema…

CONFLICTO: CUANDO EL PROBLEMA ES EL OTRO

Tú eres el grave problema
que yo no sé resolver
y acabo siempre en tus brazos
cuando me quieres tener
(Desahogo Roberto Carlos)

¿Por qué sufrimos?

Si podemos acercarnos a lo que deseamos, a lo que amamos, no hay drama, todo bien. Si pudiéramos alejáramos de lo que no queremos, de lo que nos hace daño, no habría problema. Las canciones y las películas lo saben muy bien. Para que exista drama, debemos sufrir una situación en la que algo nos impide acercarnos a lo que amamos o algo nos ata a lo que nos hace daño.

Si se trata de un drama amoroso, es posible que sucedan ambas cosas a la vez: no puedo estar contigo…ni estar sin ti (with or without)

Algo parecido les pasa a muchas personas en su trabajo. Quisieran renunciar tantas veces, pero no se deciden hacerlo, quisieran decirle varias verdades a su jefe, pero no se atreven.

¿Por qué no tomamos una decisión? ¿Por qué no renunciamos de una vez?

Tal vez porque tememos que podemos tener un problema mayor, tal vez porque presentimos que el problema no esta allí.

Problema es aquello que quiero resolver

Tenemos la idea que son los problemas los que separan a las parejas y los que generan conflictos en las organizaciones. En este artículo propongo lo contrario: tal vez los problemas sean nuestra solución, porque los problemas no separan a las personas…las unen.

Los problemas están hechos para ser solucionados. Al momento mismo de calificar una situación como problemática, es indicativo de que queremos modificarla. Por el contrario, las situaciones inmodificables generalmente no las llamamos problemas, los llamados hechos. La muerte – por ejemplo-es un hecho.

Los problemas no son igual que las sillas y las mesas. No son objetos. Tampoco son hechos, porque un mismo hecho puede ser problemático para una persona y no serlo para otra. Sin embargo, las empresas contratan a gerentes para solucionar problemas y las parejas a terapeutas para solucionar los suyos.

¿Qué son entonces los problemas?

Cuando dos o más personas miran y definen una situación como un problema, podemos suponer que comparten el deseo de modificarla. Afirmamos entonces que problemas son situaciones que definimos como indeseables y que unen a las personas en torno a un propósito común de cambio. Es lo que sucede cuando una pareja conversa preocupada sobre la educación de sus hijos, cuando un grupo de gerentes enfrenta la baja en las ventas o la productividad. Aunque pueden tener diferencia de cómo enfrentar el problema, es decir en cómo solucionarlo, están de acuerdo en lo principal: están viendo el mismo problema y ese factor mantiene cohesionado el sistema, sea este una familia, una pareja o un equipo de trabajo.

Conflicto: cuando el problema es el otro

Sin embargo, en nuestra experiencia diaria observamos que los problemas generan discusiones, peleas, y quiebre en las relaciones. ¿Cómo entonces proponer que los problemas no unen?

El problema no son los problemas, si no como los enfrentamos. Cuando en la búsqueda de la solución nos aferramos a una sola estrategia para  lograrla, perdemos de vista lo que nos une, y el medio pasa a ser el fin. Entonces, comenzamos a ver a los que no están de acuerdo con nuestra estrategia como un obstáculo y terminamos definiendo que el problema es el otro.

Cuando eso sucede, cuando el problema es el otro, estamos frente un conflicto.

Para una pareja, un grupo o una organización un problema es algo que no forma parte del sistema, pues es justamente lo que debemos cambiar para poder preservarlo. El problema es algo que está afuera. En caso del conflicto es lo contrario; el problema forma parte del sistema, porque es el otro. Nuestra mente empieza a pensar así: puesto que el problema es aquello que quiero solucionar, si el otro es el problema, la solución es que ese otro deje de ser parte del sistema.

Cuando el problema deja de estar afuera del sistema y comienza a estar adentro, el sistema corre el fuerte riesgo de romperse. Son los conflictos- no los problemas- los que destruyen parejas, equipos, familias, organizaciones y empresas.

¿Cómo solucionar el problema de los conflictos?

Ya dijimos que si dos personas o un grupo identifican el mismo problema, tienen un factor común clave: la necesidad y las ganas de solucionarlo. Es probable que no estén de acuerdo en cómo solucionarlo, pero eso tampoco necesariamente tiene que derivar en conflicto, a diferencia de los que muchos piensan y temen. Por el contrario, el conflicto surge cuando la diferencia no es admitida, cuando una parte del sistema piensa que a cada problema le corresponde una sola solución y además cree tener acceso a ella.

Para quien llega a pensar así, la situación se torna dolorosa. Si la solución es tan obvia ¿Por qué entonces el otro no es capaz de ver lo mismo que veo yo? ¿Cómo es posible que no vea lo obvio? Lamentablemente desde la verdad no son muchas las explicaciones a no ver la realidad tal cual es: o la otra persona carece de la capacidad de ver la realidad (es tonto, enfermo o ignorante) o, por lo contrario, ve la misma realidad que yo pero la niega por alguna razón que no quiere evidenciar (tiene intenciones ocultas, me está manipulando, es deshonesto, etc.)

Como podrán imaginar, una persona que piensa lo primero; que el otro no posee esencialmente la misma capacidad que yo para acceder a la verdad, genera un tipo de conversación y de razonamiento que muy pronto le deja claro al otro que no es considerado como interlocutor válido en este aparente diálogo. Nada bueno puede surgir sobre esta base. La conversación se apartara muy pronto de la búsqueda de las soluciones (el hacer) y derivara inevitablemente en una discusión sobre las capacidades de los propios interlocutores (el ser)

Las frases como: ¿quién te crees que eres… desde cuando tú…qué quieres decirme con eso? Son indicadores claros que dejamos de discutir del problema y estamos discutiendo de la relación, del valor de nuestra palabra en la solución del problema. Son las frases del conflicto.

¿Cómo volver entonces a lo que nos unía? El principio es siempre el mismo: necesitamos volver a tener un problema común.
La misma diferencia en cómo solucionar el problema puede ser vista como un problema a solucionar: ¿Cómo resolverán esta diferencia de estrategia? le planteo a una pareja, para sacarlos de la pelea por la verdad. A los equipos les propongo mirar el mismo conflicto como algo que “les ocurre”, es decir, como un desafío común que el equipo puede enfrentar.

El drama, del que hablábamos al inicio de este artículo, resulta de ver al otro como el obstáculo para lograr lo que deseamos, cuando en verdad lo necesitamos como nuestro aliado. En el amor y en cualquier relación que pretenda sostenerse en el tiempo, no nos sirve tener la razón, porque eso deja sin razón al otro.

La solución a los conflictos no pasa por zanjar las diferencias, ni menos por negarlas. Tampoco pasa por prohibir los conflictos. Lo que realmente nos ayuda es volver a generar un foco de atención respecto de algo común que esta fuera de nosotros y que ambas parten queremos cambiar: nuestros queridos problemas.

Alvaro Godoy
Coach Integral Universidad Católica
Correo: alvarogodoy@uc.cl

Mi cariño se me va

Mi cariño se me va

¿A quién le corresponde cuidar el amor que sentimos por el otro?


Sólo una palabra me devora

Aquella que mi corazón no dijo

Sólo me ciega y me hace  infeliz

La pelea de amor que no cause

JURA SECRETA

Estamos a veces tan preocupados de que el otro nos quiera. Todas las canciones hablan de aquello; de cómo conquistar o reconquistar el cariño de nuestro objeto amado. ¿Pero qué pasa con nuestra propia fuente de amor? ¿Quién cuida de ella? ¿A quién le corresponde cuidar el amor que sentimos por el otro?

Pensamos que amar es un acto pasivo que deriva de lo hermoso que es el otro, o de las cosas buenas que trae a nuestras vidas. Enamorarse y desenamorarse parecen fenómenos espontáneos, tan naturales e involuntarios, como inevitables. El amor siempre es efecto de lo que el otro es o lo que el otro hace. Tanto si me enamoro, como si me desenamoro, el otro es “culpable”. De manera que si el amor por el otro, por desgracia, se esta debilitando, lo máximo que puedo hacer es pedirle al otro que cambie. Yo no tengo poder sobre mi propio amor.

Sin embargo, cuando el amor se va definitivamente, nos sirve de muy poco responsabilizar al otro de esta desgracia. El hecho duro e irreversible es ya no lo amamos, aunque queramos que así sea. Hay hijos de por medio, el futuro que soñamos juntos cerró sus puertas y tenemos miedo de volver a fracasar. Pero ya es muy tarde.

¿Qué pasó? no es la pregunta que nos pueda servir, porque ya pasó. La pregunta que nos puede servir es: ¿Queremos dejar que siga pasando? ¿Queremos dejar que nuestro amor, el amor que sentimos por el otro se nos vaya?

Ahí murieron ya los momentos

Un amigo me conto desconsolado un día que pensaba separarse. Ella- según él- era muy celosa, lo iba a buscar después de su trabajo y no lo dejaba estar con sus amigos. Ante la pregunta si le había dicho que no lo hiciera más, me respondió: ¡estás loco, se enojaría mucho, eso sería una pelea segura! Mi amigo prefería dejar de amarla a soportar que ella se enojara y tener una buena pelea. Tenía miedo que las peleas los separaran. Finalmente se separo por miedo a separarse.

Es increíble la cantidad de parejas que se separan con tal de evitar esos pequeños disgustos que implican decirle al otro que nos está molestando o pedirle que deje de hacer aquello que nos duele. No retroalimentamos a nuestra pareja pero si esperamos que cambie.

Al hablar de retroalimentación no me refiero a esas discusiones eternas que tenemos al volver de una fiesta, porque no quisimos conversar el tema “delante de los demás”, porque “tratamos de no echar a perder la buena onda”. Me refiero a la reacción inmediata que le deja muy claro al otro que por ese camino no debe seguir. No hablo de “reflexiones” si no de “reacciones” claras y oportunas. No son verbalizaciones, son gestos, acciones efectivas que no permitan que lo que nos disgusta o nos duele siga ocurriendo. Me refiero por ejemplo a un comentario simple e inmediato  como “ese tono me está molestando”, o “eso que dijiste me dolió”. No hablo de enjuiciar al otro, sólo de informarle claramente nuestro sentimiento. Y si el otro sigue en lo mismo y no entiende el mensaje, la retirada es la acción más oportuna para evitar que el daño continúe y se agrande. Si el otro sigue tirando dardos sin darse cuenta, es el «blanco» el que tiene que moverse, es decir, nosotros. Seguir expuestos a sus flechas nos convertiría en su complice.

El propósito- no hay que perderlo de vista- no es cambiar al otro, hacerlo entrar en razón ni convencerlo, si no tan sólo evitar que siga ocurriendo lo que nos quita energía y felicidad.

Hazlo de nuevo

Debemos tener presente que siempre estamos dándole retroalimentación a los demás con nuestra conducta. Cada vez que preferimos disimular una incomodidad para  evitar una «discusión», en realidad le estamos comunicandole al otro que todo esta bien. Si nos quedamos “soportando”, esperando un momento “más adecuado” para evitar una discusión pública o un “mal rato, lo que estamos haciendo en realidad es darle permiso al otro para que siga haciendo eso que nos molesta o nos ofende. Estamos dándole una retroalimentación positiva. Es decir, le estamos enseñando a que repita su conducta.

Tradicionalmente se nos aconseja no conversar «en caliente», que es mejor esperar un momento a solas, cuando los ánimos estén más calmados, para poder tener una reflexión más equilibrada. Sin embargo, lo que ocurre es que después – de la fiesta en este ejemplo- después de haber soportado calladamente, disimuladamente lo que nos molesta, llegamos a casa muy cargados negativamente contra el otro. Lo más probable es que el estado emocional sea tan malo que el único propósito de la conversación-discusión, sea descargarse. Entonces salen los juicios, las generalizaciones, el pasado, el “tu siempre”, el “tú nunca”. Nada bueno saldrá de allí.

Si no damos una retroalimentación oportuna, perdemos ya los momentos. Perdemos la oportunidad de mostrarle al otro la acción específica que nos está alterando en mismo momento que nos altera, perdemos también la oportunidad de evitar que siga curriendo. Y lo más importante, perdemos la oportunidad de hacernos responsables de lo que nos ocurre. Y esa conversación que tratamos de evitar, la tenemos igual, y se repite incansablemente, pero dentro de nuestra cabeza; la palabra que no dijimos y que después mascullamos y rumiamos solos sin podernos dormir. Al día siguiente nos levantamos, sorprendidos de lo cansados que estamos.

Somos los principales y primeros responsables de cuidarnos. Nadie mejor que nosotros sabe donde nos “aprieta el zapato”. La responsabilidad de mostrarle claramente al otro que acto suyo está provocando en ese momento nuestra incomodidad, es sólo nuestra. El otro no puede adivinar cuando te esta «pisando los callos», menos lo puede predecir (más aun cuando la vez anterior nos quedamos callados). Por otra parte, las conversaciones posteriores del tipo “con eso que hiciste me faltaste el respeto” no sirven de mucho y se vivencian como injustas, porque el otro no tiene como saber necesariamente con qué actos te sientes irrespetado, menos si no se los has mostrado anteriormente.

Cuidarse y ponerle límites a los demás en un ambiente amoroso, requiere estar conectados con lo que nos pasa y saber comunicarlo a tiempo. Tambien requiere tener compasión y comprender que el otro no puede adivinar que sentimos, ni saber cuando nos puede estar pasando a llevar. Por lo tanto, nuestra comunicación debe ser firme pero amorosa. Es decir, asumir que el sentimiento es nuestro, pero que el otro debe respetarlo.

No se trata de hacerle «una lista» de lo que no se debe hacer con nosotros. No podemos delegar en el otro nuestro propio cuidado, es una responsabilidad propia y permanente. Esto incluye estar comunicados con otro en forma constante, retroalimentarlo, en lo positivo y en lo negativo. Y sobre todo de forma oportuna. Ninguna «conversación posterior» puede reemplazar el efecto poderoso de poner el límite en momento preciso que esta siendo traspasado. Porque cuidarnos es no permitir que continue aquello que nos quita la energía, aquello que nos desgasta, aquello que va matando nuestro amor. En ese instante, cuidarnos y cuidar nuestro amor es lo mismo.

Só uma palavra me devora                         
Aquela que meu coração não diz               
Só o que me cega, o que me faz infeliz

A briga de amor que não causei

JURA SECRETA

http://www.youtube.com/watch?v=bkswF5nFd0M

¡No llego al orgasmo, no puedo eyacular!: Anorgasmia Coital Masculina y Eyaculación Retardada

¡No llego al orgasmo, no puedo eyacular!: Anorgasmia Coital Masculina y Eyaculación Retardada

No crean que solo las mujeres pueden tener dificultades para llegar al orgasmo y hoy en día no solo ellas caen en la tentación de fingirlos. Actualmente son cada vez más los hombres que no logran eyacular ni sentir un orgasmo estando en vagina, por más que sí sienten deseo sexual, tienen una erección firme, han recibido una adecuada estimulación sexual y han ejecutado suficientes movimientos coitales de penetración.

Tal como han aumentado en general las disfunciones sexuales masculinas, también se han incrementado algunas que antes eran casi inexistentes y han surgido otras nuevas. Pero lo interesante todos estos casos reúnen ciertas características comunes muy especiales. La inmensa mayoría de los afectados son hombres jóvenes y sanos, emparejados y enamorados de su mujer, pero con quien no pueden funcionar sexualmente, a pesar de que sí lo hacen perfectamente a solas (masturbación) y eventualmente también con otras mujeres.

Es decir, aunque quisieran y se esfuerzan en lograrlo, no pueden desempeñarse sexualmente bien con la propia pareja, lo cual lógicamente los tiene muy angustiados. Ellos nos cuentan en la consulta que nunca antes les había pasado algo así y que durante un tiempo relativamente largo, funcionaron satisfactoriamente, tanto con otras parejas anteriores como asimismo con su mujer actual, pero únicamente en los inicios de la relación. Estos son los casos en que los hombres fingen un orgasmo para esconderle el problema a su pareja, ya sea por vergüenza o para no afectar la autoestima de ella o para evitarse un conflicto. Pero sea por la razón que fuese, este fingimiento está denotando claramente que hay serias falencias en la comunicación entre ambos.

Entre las disfunciones sexuales masculinas que más se han incrementado últimamente, fuera del Deseo Sexual Hipoactivo, de la Disfunción Eréctil en jóvenes sanos y de la Eyaculación Precoz adquirida, se encuentra la Anorgasmia Coital Masculina (ACM). Para poder entender este cuadro lo primero que habría que tener muy claro es que el orgasmo no es lo mismo que la eyaculación. En este sentido, si bien no es lo más común, tal como algunos hombres pueden eyacular sin tener orgasmo, también pueden alcanzar un orgasmo sin haber eyaculado. Así que orgasmo y eyaculación, aunque suelen darse al mismo tiempo, no son equivalentes y pueden producirse en forma separada. El orgasmo apunta a la percepción de las contracciones internas que conducen a la sensación subjetiva consciente del placer y satisfacción sexual; en tanto que la eyaculación sería netamente la expulsión del semen a través de la uretra.

En el famoso manual de enfermedades mentales vigente, el DSM-IV-R, no se hace una distinción entre los desórdenes de eyaculación y los desórdenes orgásmicos, como si ambos estuviesen inseparablemente unidos, no solamente desde una perspectiva temporal sino que también fisiológica así como subjetiva. Actualmente tanto los urólogos como muchos sexólogos diferencian explícitamente ambos procesos; en otras palabras, estiman que una cosa es la incapacidad de eyacular y otra muy distinta es la dificultad de alcanzar el orgasmo. Entre los trastornos eyaculatorios más conocidos podemos mencionar: retrógrada, aneyaculación y retardada.

Muy brevemente, la Eyaculación Retrógrada se refiere a aquellos casos en que el líquido seminal no puede ser expulsado a través de la uretra, ya que éste se ha redireccionado hacia la vejiga y allí se mezcla con la orina. Sus causas generalmente son de índole biológica. Por su parte, en la Aneyaculación también existe una total ausencia de eyaculación, pero acá no se debe a que el semen se haya vuelto hacia adentro, sino a otras causas, muchas de ellas orgánicas. En tanto que en la Eyaculación Retardada sí habría expulsión del líquido seminal, pero esta tarda demasiado en producirse y en ocasiones simplemente no se llega a expulsarlo. En estos últimos dos síndromes la sensación orgásmica puede eventualmente existir, aunque con distintos grados de intensidad y frecuencia. Cuando el hombre tiene erección pero no logra casi nunca llegar al orgasmo, estaríamos hablando de desórdenes orgásmicos, donde la respuesta de erección – aunque normal – se encuentra disociada de la sensación subjetiva de excitación.

Así que el concepto de Anorgasmia apunta a la dilación, inhibición o incapacidad – persistente y recurrente – de lograr experienciar el orgasmo, a pesar de que la persona siente el deseo, tiene erección y ha recibido la estimulación sexual adecuada. Pero no todos los cuadros de Anorgasmia son iguales. Mientras que algunos no pueden alcanzar el orgasmo casi en ninguna circunstancia o con ninguna mujer, otros sí pueden experimentarlo fácilmente en poluciones nocturnas o mediante la masturbación y dentro de estos, unos pocos lo logran gracias a la estimulación manual u oral de la pareja. Cuando el hombre puede tener un orgasmo en cualquiera de esas otras condiciones, pero le es imposible durante el coito, es decir, dentro de la vagina, estamos hablando de ACM. Si la disfunción se ha presentado por primera vez y sólo le ocurre con su mujer, no con otras, correspondería al subtipo selectivo-relacional. Estos últimos son los casos que se han incrementado progresivamente en los últimos años en las consultas de los sexólogos, fluctuando entre el 8% al 15% de la población masculina mundial.

En cuanto a las causas de la eyaculación retrógrada, aneyaculación y retardada, sobre todo si son generalizadas (siempre en toda circunstancia), muchas veces se asocian a factores de índole biológica tales como: intervención quirúrgica de la próstata, obstrucción o pérdida de motilidad de las vías seminales, efectos secundarios o iatrogénicos de ciertos fármacos (antidepresivos, antiestamínicos, Viagra) o de otros problemas médicos (diabetes, neurológicos, lesiones en la médula espinal, hormonales como la hiperprolactinemia, etc.), abuso del alcohol o drogas, entre otros. Los factores psicológicos están más presente en los casos primarios o de toda la vida: educación recibida, fanatismo religioso, abuso sexual en la infancia, hipercontrol y dificultad para dejarse llevar, masturbación casi ausente o bien excesiva.

Los subtipos secundarios de Anorgasmia, es decir aquellos que sí funcionaron normalmente durante un tiempo, se pueden asociar al temor de dejar embarazada a su mujer, excesiva ansiedad por el desempeño sexual, asumir rol de observador o de autoobservador, alto nivel de estrés, desgano, falta de apetencia sexual, estilo de apego evitativo, entre otros.

Finalmente, más específicamente respecto a la ACM de tipo selectivo (el síntoma aparece solo con su mujer), así como también en las otras disfunciones sexuales masculinas selectivas (justamente aquellas que más se han incrementado en los últimos años), las causas no son ni de origen biológico ni se deben a severos problemas psicológicos individuales. Por el contrario, se deberían más bien a ciertas dinámicas de la relación o del contexto que ambos miembros de la pareja fueron construyendo juntos a lo largo del tiempo. Pero tampoco piensen que dichas disfunciones aparecen en cualquier hombre joven que esté emparejado con cualquier mujer. No, se presentan sólo en un determinado tipo de hombre que tiende a ser introvertidos, hipersensible y evitador de conflictos. En tanto que sus parejas suelen ser – o son percibidas así por ellos – como extrovertidas, de carácter fuerte y muchas veces explosivas. Entonces, estaríamos hablando de que habría una cierta combinación de temperamentos y personalidades que favorecerían la aparición de dichas disfunciones sexuales masculinas selectivas.

Claro que todo lo anterior se da dentro de un nuevo contexto socio-cultural en que, por un lado, las mujeres son muy independientes y se han ido empoderando ostensiblemente, al mismo tiempo que el rol del hombre se fue difuminando y perdiendo poder. Pero, por otro lado, también ha cambiado la actitud de la gente ante la sexualidad. Pasamos de una cultura represora de todo lo sexual, salvo en términos reproductivos, a una sociedad hipersexualizada, donde han cundido los mitos, las expectativas irracionales y las exigencias desmesuradas: las mujeres tienen que ser multiorgásmicas y los hombres tienen la responsabilidad de satisfacerlas plenamente, incluso mediante el sexo tántrico en que se logra tener orgasmos sin eyacular.

Crisis de Pareja: Vacaciones en tiempos de crisis (de pareja)

Crisis de Pareja: Vacaciones en tiempos de crisis (de pareja)

¡Bienvenido Verano! Hace rato te esperábamos. Estamos contentos por que sube la temperatura y añoramos descansar o pasar un buen momento en el campo, frente al mar, en cualquier lugar, menos aquel que asociamos al trabajo.

Sin embargo, suele pasar que, en época de fiestas o a final de año, las problemáticas de pareja se exacerban. Ya sea por el cansancio de llevar a cuestas problemas que se arrastran hace mucho tiempo, la emocionalidad intensificada por las celebraciones familiares, o por diversos sucesos que las agravan, qué terminamos el año en medio de una crisis de pareja. Sin embargo, muchos podríamos tener los planes familiares para las vacaciones organizados con mucha antelación. ¿Qué hacer cuando estás en medio de una crisis y quieres (debes) igualmente salir de vacaciones?

Para poder decidir qué hacer, hay que tener en cuenta muchos factores, que intentaré resumir en este breve artículo.

Primero, tenemos que preguntarnos ¿qué tan grave es la situación de pareja en estos momentos? Evidentemente nos podemos encontrar con que nuestra contraparte discrepe con nuestra apreciación. Es decir, uno lo ve como algo grave, y el otro no tanto. E incluso, creamos que las vacaciones pueden ser una buena instancia para arreglar todos los problemas. Siendo muy directo en este menester, en general, las vacaciones no ayudan mucho a resolver las crisis de pareja. A veces, según la enfrenten, puede transformarla en un problema mayor .

Si al menos uno de los dos considera que es grave, hay que quedarse con esta apreciación, ya que si el otro tiende a minimizar esta urgencia, puede causar mayor molestia. Es importante agregar que si esta crisis obedece a un problema puntual donde nunca se ha hablado de una posible separación, estamos ante un escenario menos complejo. Es un problema importante, sí; pero no amenaza la relación. Para este caso es muy sugerible negociar muy claramente donde van de vacaciones, si es que no lo han hecho antes. No lo que ella quiere, ni lo que él quiere, sino una tercera alternativa “neutra”. Esto evita que este tema sea material para continuar enojados (recuerden que en una crisis lo que abunda es la rabia en uno o ambos y cualquier tópico puede ser excusa para seguir enojados). Nunca está demás decir que es importantísimo no involucrar a los hijos en esta negociación.

Siempre es tentador intentar crear una atmosfera romántica cuando se está de vacaciones, justamente para tratar de limar asperezas. Quizás, esperando que mágicamente este ambiente les ayude a “reenamorarse”. Sin embargo, si el otro no está en la misma disposición emocional, puede ser contraproducente. Muchas parejas cuentan que en estas circunstancias tienen que funcionar “como si” estuvieran bien, especialmente para que los hijos no se sientan afectados. Este “como si” es visto como un esfuerzo en contener el malestar, generando en realidad, emociones negativas que, posiblemente, estén controladas consciente o inconscientemente. Con esto, difícilmente es posible tener una disposición amorosa. Por esto es que las vacaciones no debiesen ser usadas para resolver el problema, o conversar acerca de éste, sino más bien considerarlas como un espacio de tregua, explícita y clara. Pueden incluso comprometerse a seguir las conversaciones a la vuelta.

Sin embargo, hay crisis que revisten mayor gravedad, especialmente cuando se ha hablado de separación. Si las discusiones entre ambos han llevado a descalificaciones u otras conductas agresivas y, aún así quieren ir juntos de vacaciones, hay que considerar otras alternativas.

En general, es sugerible en estas circunstancias ponerse de acuerdo para mantener cierta independencia. La consigna detrás de esta alternativa es: “las vacaciones son para pasarlo bien”. Una de las pocas maneras para cambiar las emociones en ambos es dejar de poner tanta atención en el problema, dejar que el malestar decante. La idea es no forzarse a pasar todo el tiempo juntos, sino organizar espacios a solas, repartir responsabilidades, tiempo con los hijos, e incluso ver si les acomoda dormir en piezas separadas. No sólo es una oportunidad de acercamiento a los hijos, sino una aceptación explícita de la crisis, sus propios estados emocionales y el genuino derecho a disfrutar de sus vacaciones sin culpa.

Finalmente, es necesario comentar acerca de las situaciones de crisis donde hay mucha rabia entre ambos, o que hayan tenido experiencias previas de separación. Esto hace muy difícil la pura idea de convivir en esas circunstancias. Muchas veces hay que considerar la posibilidad de salir de vacaciones por separado. Esto se puede lograr negociando la manera más justa de hacerlo, considerando espacios equitativos de cuidado de los hijos. En general, es importante comunicar esta decisión a los hijos sin alarmarlos, pues aún no se han separado.

Lo más importante de las vacaciones es acotar su objetivo. No va a traer cambios mágicos, ni va a suavizar nuestros problemas. Vacacionar tiene el simple objetivo de ser un espacio de descanso y buenos momentos. Aún en crisis, podemos pasarla bien, así que, a hacer las maletas y ¡buen viaje!