Estos últimos años nos hemos sorprendido con la aparición de mujeres con un estilo de apego muy diferente a aquellas de generaciones pasadas, habitualmente con apego ansioso. El apego evitativo era muy comunmente relacionado culturalmente a los hombres, pero hoy las cosas han cambiado. Les contaaremos, muy brevemente, qué hemos encontrado en nuestra experiencia clínica acerca de la mujeres con apego evitativo.
Cuando niñas sintieronque sus necesidades emocionales no fueron consideradas, por lo que no era seguro expresar sus sentimientos. Fueron construyendo estrategias defensivas que reprimiesen su necesidad de cercanía y aprendieron a regular solas sus emociones. Convirtieron el estudio y después el trabajo en formas de auto-protección y de auto-control.
Cuando adultas temen involucrarse profundamente con una pareja. Cuando se enamoran y la relación se vuelve más íntima, se distancian física y/o emocionalmente, lo que les dificulta saber lo que sienten.
Aunque inicialmente les atraen hombres sensibles, cuando ellos hacen demandas emocionales, las descalifican despectivamente como exigencias excesivas y como señales de inseguridad o inmadurez. Se sienten superiores, parapetándose detrás de una falsa seguridad y mostrándose como mujeres fuertes y con vínculos sin demasiada entrega.
Como niegan o minimizan su propia inseguridad afectiva y les cuesta expresar sus sentimientos, parecen frías y distantes. Les es dificil entregar apoyo emocional y expresan su afecto de formas indirectas como en acciones serviciales.
Rehuyen losmomentos de cercanía y las conversaciones más personales ya que se sienten incómodas o hasta abrumadas. En vez de abrirse emocionalmente prefieren mantenerse defensivamente distanciadas, interactuando solo de forma superficial y concreta.
Padecen un conflicto interno entre el deseo de conexión y el miedo a caer en la dependencia, lo que se traduce en comportamientos contradictorios: acercándose y después alejándose. Así sienten que se mantienen en su zona de confort y de «seguridad».
Evitan los conflictos y las discusiones intensas por miedo a que se produzcan situaciones demasiado íntimas. Se ven asi mismas como alguien a quien no les gusta el “drama”, pero quedan resentidas. Si no han podido evitar el conflicto, después no toman la iniciativa para generar una reconciliacion, sino que esperan que sea el otro quien se acerque.
Para justificarse recurren a la lógica y racionalización, sobrevalorando intelectualmente la autonomía y la autosuficiencia, mientras que desprecian la vulnerabilidad que interpretan como signo de debilidad. Aunque no se cuestionan abiertamente sus posturas, no se sienten bien consigo mismas, saben que algo no anda bien en ellas. Están conscientes de sus miedos a la intimidad emocional, a expresar lo que sienten, a necesitar a su pareja, a caer en la dependencia, a ser débil y a perder su libertad, su poder y hasta su identidad, quedando así atrapadas y a merced del otro.
A pesar que reconocen que sus dificultades originan tensiones en la relación, tienden a culpar al otro por ser demasiado demandante y además se apoyan en el excesivo énfasis cultural actual en la independencia y en el autocontrol.
El principal miedo subyacente es el miedo a sufrir por amor, miedo al dolor potencial que conlleva el amar y entregarse a alquien. En el fondo no creen que exista el “verdadero” amor ni confían en los demás. Creen que en algún momento serán lastimadas, decepcionadas, rechazadas o abandonadas.
En el área sexual tienden a ser muy pudorosas. Estando totalmente desnudas se sienten más vulnerables, más expuestas. El pudor sería un mecanismo de defensa para sentir que mantienen su autonomía y evitar el riesgo de necesitar a otro o ser necesitada.
Pueden sufrir de bajo deseo sexual, anorgasmia, rechazo irracional a la masturbacion y disociacion amor-sexo. Tienden a separar el sexo del amor. Se les dificulta sentir por su pareja – en el mismo momento – deseo sexual y amor. Sus problemas para ser espontáneas, soltarse y dejarse llevar les dificulta disfrutar plenamente del sexo y de la masturbación.
Al inicio de una relacion de pareja no suelen manifestarse estos problemas sexuales, pero a medida que el compromiso y los sentimientos aumentan, disminuye el deseo sexual y la capacidad orgásmica. Se muestran pasivas sexualmente, no toman la iniciativa y aceptan el sexo más por cumplir que por un deseo genuino de cercanía o de buscar placer.
Su inhibicion sexual general así como el negarse a la masturbación les genera la sensacion de ser presionada o incluso «obligada» al sexo y lo acepten solo “por el otro” o para evitar conflictos. Algunas afirman – casi con orgullo – que no necesitan en absoluto ni la descarga sexual ni la cercanía afectiva.
Algunas usan el sexo como un sucedáneo de cercanía emocional, como un escape transitorio, sin mayor conexión afectiva, como una especie de paréntesis para alcanzar solo una satisfacción meramente fisica. Esto las puede llevar a preferir tener relaciones sexuales más fugaces o con personas igualmente evitativas o independientes que no representan riesgo de mayor intimidad emocional. Otras tienden a la infidelidad como escape del potencial peligro de llegar a depender emocionalmente de su pareja.
Tienen una gran necesidad de espacio personal, establecen rígidos límites para proteger el tiempo que dedican al trabajo y/o a sus actividades individuales. Buscan el empoderamiento y el reconocimiento externo, la valoración dada por sus logros laborales.
Priorizan su trabajo y sus metas personales como forma de mantener su autosuficiencia y sentirse seguras. El entorno laboral es para ellas un refugio seguro, donde se sienten más cómodas ya que los roles y los objetivos son claros.
Tienden a trabajar horas extras y asumen gran carga laboral lo que les sirve como fuente de escape ya que les facilita no tener que lidiar con las complejidades emocionales de su relación de pareja, pero el costo es que viven cansadas, estresadas y con síntomas psicosomáticos, fuera de que en muchas se genera un vacío emocional.
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