En términos muy generales, la disociación amor-sexo consiste en la dificultad de amar y desear simultáneamente a la misma persona. Algunas de las formas más severas que puede adoptar esta disociación y que conlleva una especie de incapacidad de amar, es el Donjuanismo y el Síndrome de Casanova. Aunque se tienden a usar ambos términos como sinónimos, no son tales. No solamente porque se derivan de orígenes diferentes, sino porque ambos conceptos apuntan a actitudes de fondo muy distintas. Mientras que Don Juan Tenorio es una creación literaria de Tirso de Molina (1630) que, dos siglos después Zorrilla transformó en una exitosa obra de teatro (1886); Giacomo Casanova (1721-1798) fue un ser real cuyas aventuras transcurrieron principalmente en Venecia, tal como las describió en su extensa autobiografía.
Philippe Soller (2010) afirma que Don Juan es el volcán y Casanova es el jardín. El de Don Juan parece surgir en el ambiente rígido y severo que caracterizaba a la española de su época, una sociedad estricta y sexualmente reprimida, como si él viniese a proclamar su filosofía de humillar la virtud y desbaratar todo amor y matrimonio. Lo que le interesa es su sobre la probidad femenina. Está bastante orgulloso de sus habilidades con las mujeres. Vive para comprobar que es un viril, atractivo, importante; busca el y el reconocimiento de los demás. Pero, en el fondo se infravalora, es inseguro o un tímido sobrecompensado (Romi, 2004). No es selectivo con la mujer que desea poseer, todas le son iguales. No la quiere, sino que ésta se convierte en un mero objeto para incrementar su autoestima. Para él representa un objeto o trofeo de caza, a la que no pretende ni amar ni darle placer, sino que someter para calmar momentáneamente su sed insaciable de poder. Más que conquistar, se adueña sin seducir ni preguntar; no le importan las tácticas ni engaños de los que se vale para lograrlo. Las falsas promesas y las trágicas despedidas, muchas veces inmersas en un clima violento y agresivo, son parte de lo que le produce placer. Busca sin detenerse, goza con aventuras sucesivas y procura lo instantáneo; donde lo importante es conquistar al mayor número posible para sentirse irresistible. Una vez que ha logrado su objetivo, se retira pues ha conseguido lo que quería. Según Romi (2004), en muchas ocasiones la conquista no va acompañada de actividad sexual genital (no tiene imposición libidinal), por lo que no estaría representando el paradigma de la virilidad. Dentro del Eneagrama podría corresponder a un 8 malsano.
En tanto que la filosofía de Giacomo Casanova se centra en la importancia de saber vivir, gozar de todos los placeres corporales de la vida, tener el dinero para conseguir lo que ansía y conservar siempre su libertad. La mujer le simboliza una de sus mayores fuentes de placer, pero tanto al recibirlo como al darlo. A diferencia del Don Juan, Casanova consideraba que las conquistas se guiaban por la ética del engaño recíproco. Era selectivo, apreciaba, distinguía, valorizaba y se dejaba encantar por una mujer en particular. La seducía sensualmente, se enamoraba, procedía con alegría, delicadeza y generosidad con ellas, amaba al género femenino y carecía de las intenciones destructivas de don Juan. Buscaba compulsivamente las aventuras eróticas, pero no la humillación del sexo contrario. Las mujeres que se relacionaron con Giacomo añoraban esa aventura que les había otorgado gran placer. De acuerdo con Romi (2004), el casanovismo por definición corresponde a varones hipereróticos, que gozan en dejar contentas a sus mujeres y no ?enamoradas abandonadas? como el Don Juan. El subtítulo de la biografía de Casanova escrita por Lydia Flem (1998) lo deja muy claro: Casanova: el hombre que de verdad amaba a las mujeres. Correspondería a un 7 malsano del Eneagrama.
En el lenguaje cotidiano, los vocablos Donjuán o Casanova se usan para denotar a un tipo de hombre en sempiterna conquista de mujeres para vivir con ellas aventuras pasajeras. Generalmente no pretenden entablar una relación afectiva honesta y duradera, ya que una vez que ha logrado la conquista, el interés desaparece. El mito dice que padecen de un apetito sexual insaciable que sólo puede ser satisfecho a través de siempre nuevas féminas y que consideran el sexo casi como si fuese un deporte cuantitativo. En psiquiatría se suele utilizar el término Donjuanismo como sinónimo de hipersexualidad masculina. Por su parte, los freudianos dirían que el complejo de Don Juan (homólogo del complejo de Brunilda) refleja un complejo de Edipo mal resuelto (llamado también Complejo Materno), el cual se manifiesta como una búsqueda frenética de la mujer ideal. Los psicoanalistas utilizan el concepto de complejo materno para designar el problema de ciertos hombres cuya fijación sexual o libidinal sigue puesta inconscientemente en la madre. Generalmente muestran actitudes que cabría esperar en un adolescente, acompañadas de una excesiva dependencia de la madre. Se busca a la madre en toda relación, pero cuando la conquista pierde el interés y reanuda la búsqueda de la mujer perfecta, es decir, la Madre. Los psicoanalistas catalogan a los casanovas como fálicos narcisistas que presentan gran dificultad para entregarse realmente en sus relaciones afectivas.
Trachtenberg les dedicó un libro «El complejo de Casanova» (1989), donde los define como «seductores compulsivos» con una larga historia de encuentros de una sola noche, romances de los que continuamente huyen y matrimonios fracasados. Crónicamente infieles y muchas veces adictos a actividades evasivas, se la pasan buscando emociones que le den sentido a su vida. Tienen una visión inconsciente de las mujeres como instrumento para su placer personal y para la gratificación de su ego. Son casi todas intercambiables y se dividen entre las que persiguen y aquellas de las que huyen. Cuando los hombres con dichos síndromes se casan, suelen hacerlo con una mujer que consideran muy atractiva y a la que ven como un trofeo, pero por quien sienten muy poco deseo sexual. Por ello pueden confundirse con el DSH selectivo relacional.
No obstante, de acuerdo con nuestra experiencia clínica, se están dando o están consultando cada vez menos. En la última década no hemos atendido ningún caso en que la falta de deseo tenga a la base ninguno de estos dos tipos de síndromes. De acuerdo con Matesanz (2003), otra variación consistiría en hombres que casi no tienen vida sexual con su esposa, pero recurren a profesionales del sexo o a mujeres con quienes no necesita esforzarse mucho para conquistarlas, es decir, donde el éxito del galanteo está asegurado. Según el autor, muchas veces se trata de hombres tímidos e inseguros, que han tenido experiencias pasadas frustrantes. Ese mismo hombre puede funcionar muy bien en un encuentro sexual casual, donde no hay mayores consecuencias si fracasa y, por tanto, no hay ansiedad. Aunque más raramente, la pérdida del deseo sexual se produce solamente en las situaciones predecibles, pero no en los actos espontáneos.
Mauricio está molesto con Catarina. El sostiene que ella tiene un “problema”, que no puede ser normal que ella “casi nunca” tenga ganas o, sino, significaría que ella lo rechaza sexualmente “sólo para llevarle la contra”. Catarina, por su parte, insiste en que su deseo es normal y que no porque no quiera hacer el amor tantas veces como él quisiera, ella estaría “enferma”. Por él, lo haría todos los días, especialmente en las mañanas antes de levantarse para ir a trabajar. Para ella está bien un “rapidito” de vez en cuando, pero su mejor momento son los fines de semana a la hora de la siesta. Este caso nos recordó la escena de una película de Woody Allen, en la que el hombre decía que “no hacemos el amor casi nunca, solo tres veces por semana” y ella retrucaba que “pero si hacemos el amor casi todos los días, cuatro veces por semana”.
Una de las formas más comunes en que se evidencian los problemas de deseo sexual dentro de una pareja y que ellos pueden confundir con alguna patología del deseo sexual son las discrepancias respecto a la frecuencia con que querrían tener relaciones sexuales. Dichas discrepancias no aparecen en los manuales, no son categorizadas como un “desorden” y los autores suelen usar indistintamente como sinónimos, los términosdisritmia y discronexias para referirse a estos desacuerdos. Nosotros optamos por hacer una distinción entre ambos conceptos.
Preferimos el vocablo disritmia para subrayar, tal como su nombre lo indica, que las diferencias presentes implican pautas rítmicas disímiles en los niveles de apetencia sexual y también al contexto en que ocurren, por ejemplo, la hora, los días y otras condiciones en las que cada uno prefiera tener relaciones sexuales. Al igual que si a uno le gusta hacer el amor por la mañana y otro por la noche, uno puede desearlas con más frecuencia que el otro. En estos casos, entonces, no se trataría de distintos niveles de deseo sexual, sino que no coinciden en sus ritmos. En tanto que usamos la denominación de discronexia para referirnos a aquellas situaciones en que un miembro de la pareja regularmente parece “necesitar” una mayor o menor frecuencia de relaciones sexuales. Dentro de esta misma línea, Weeks (2005) propone el término asincronía sexual para aquellas parejas que repetidamente no coinciden en el tener ganas al mismo tiempo.
Todas estas discrepancias pueden llevar a que la pareja se acuse mutuamente de “enfermo” (por defecto o por exceso). Lo más probable en estos casos es que a ambos sí les interese el sexo y que ninguno presente niveles patológicamente bajos de deseo sexual, sino que uno de ellos tiene más ganas que el otro. En otras palabras, ellos se encuentran ubicados en polos opuestos del continuum del deseo sexual normal: uno en el “normal alto” (deseo sexual alto, buena respuesta sexual y búsqueda de estímulos sexuales) y el otro en el “normal bajo” (buena respuesta sexual, presencia de fantasías sexuales aunque menos frecuentes, escaso deseo sexual espontáneo, por lo que no toma la iniciativa, pero sí existe deseo sexual receptivo).
De acuerdo con Maurice y Bowman (1999), hay casos en que una persona acusa a su pareja de sufrir de deseo sexual inhibido cuando lo que puede pasar es que ella tenga un deseo sexual hiperactivo y ser muy exigente sexualmente. Pero también se dan situaciones en que el afectado con DSH, en vez de reconocerlo como un síntoma, posiblemente niegue que tenga un problema y lo explica con que su pareja pide demasiado.
En la realidad, sobre todo en la cotidianidad que sobreviene a los años de relación, muy raramente ocurre que ambos presenten el mismo grado de deseo sexual. Esta es más bien una regla que una excepción. Un aspecto importante son las diferencias en el funcionamiento sexual entre el hombre y la mujer. Mientras ellos tienen más ganas en las mañanas debido a que su tasa de testosterona aumenta un 30% a esa hora, ellas están aún medio dormidas o preocupadas de que se les va a hacer tarde. Las mujeres necesitan sentirse relajadas para poder concentrarse. Para algunas la mejor hora es en la noche, cuando los niños ya están durmiendo. Los biorritmos también son distintos según la época del año. En los hombres aumenta más el deseo a principio del verano, en tanto que en las mujeres sucede al llegar la primavera, ya que en ése período se incrementa el nivel de estrógenos.
Así que, en efecto, difícilmente los dos miembros de la pareja tendrán el mismo nivel de deseo sexual y cualquiera de ellos puede pasar por etapas de menor interés, lo que no significa que esté sufriendo de ningún trastorno. Recordemos que no existe lo “normal” o anormal sino lo satisfactorio o no para cada persona o pareja. Algunos autores proponen que las discronexias sexuales forman parte de otra fase de la RSH, la de la Satisfacción.
Pero, además, es muy difícil que en la agitada vida actual de los “ejecutivos de película que corren tras el éxito”, como diría Serrat, ambos miembros de la pareja tengan al mismo tiempo ganas de tener relaciones sexuales. Si además se trata de una familia con 3 hijos, que viven con alguno de los padres que quedó viudo y con una Nana puertas adentro, la situación es mucho más complicada. Como nos decía un paciente con gran sentido del humor, “nosotros no hacemos el amor cuando tenemos ganas, sino cuando podemos, aunque no tengamos ganas”. Lo cual demuestra que se puede muy bien iniciar una relación sexual sin que se haya hecho presente previamente el deseo espontáneo, que gracias a las caricias y los besos el deseo reactivo se despertará de forma natural.
Las diferencias en los niveles de deseo sexual pueden provocar malos entendidos y conflictos en la pareja, incluso antes se las atribuía a “incompatibilidad de caracteres”. Cuando a uno de ellos no le apetece, el otro se siente rechazado, no querido o poco deseado. En algunos casos este tipo de desacuerdos tienen mucho en común con otras dificultades que manifiesta la pareja, tal como la educación de los hijos, cuánto gastar en vacaciones, etc. Levine (2010) postula que la etiología detrás son las conflictivas interpersonales. El deseo sexual variará a lo largo de la historia de la pareja dependiendo de varios factores, siendo las variables contextuales las más importantes.
A veces los matrimonios que llegan a consultar por estas discrepancias se han enfocado en este problema sexual como una manera de ocultar otro tipo de tensiones, en el sentido que no están preparados para lidiar con conflictos más profundos. En estos casos el historial de la relación evidenciará que en algún momento se produjo un marcado cambio en el interés sexual de alguno de ellos. Por el contrario, si la historia de la discrepancia se remonta a los primeros tiempos de la relación, Maurice (1999) indica que el clínico debe preguntarse por qué esas dos personas han sido incapaces de lograr aquello que la mayoría de las parejas consiguen. Es decir, generalmente las parejas se van adaptando mediante la aceptación y/o la negociación a un cierto ritmo de frecuencia que les acomoda relativamente a los dos. Responder esta interrogante es fundamental para la terapia.
Al releer Retrato del Artista Adolescente me surge la interrogante de si todavía la masturbación provoca sentimientos de culpa asociados a la doctrina judeocristiana. La maestría de James Joyce nos transmite el sufrimiento moral de un púber por la reaparición de la libido después del llamado periodo de latencia. A través de sus introspecciones autobiográficas nos comunica la inicial extrañeza de Stephen Dédalus – estudiante de un colegio jesuita – ante la intensidad de sus impulsos, sus vanos intentos por autocontrolarse y la sensación final de ser un pecador empedernido, de ser un degenerado indigno de Dios. Aunque comienza a escribirlo en 1904, el autor está describiendo lo que sucedía a finales del siglo XIX, cuando tanto en la sociedad general como en la medicina, se condenaba a la masturbación por ser pecaminosa y perjudicial para la salud física y mental.
Basándose en supuestas «verdades científicas», se creía que la masturbación ocasionaba agotamiento, perdida de memoria, melancolía, diversos ataques, epilepsia, ceguera, sordera, esterilidad, impotencia, imbecilidad, reblandecimiento cerebral y parálisis, entre otra larga lista de etcéteras. ¡Que diferencia con el «lamento» autobiográfico de Phillip Roth de mediados del siglo XX, respecto a otro púber – esta vez judío – Portnoy, un fanático de la masturbación y sin culpa alguna!.
Se sabe que el instinto sexual – presente desde que nacemos – es una necesidad corporal normal que compartimos con los animales. Recordemos que pertenecemos primero al reino animal y después al humano. No obstante, concerniente a los impulsos sexuales y a la masturbación, nosotros nos comportamos en forma muy diferente a los animales. La sexualidad es el único instinto biológico que no requiere ser satisfecho para que podamos seguir subsistiendo. Se trata de un impulso que se puede controlar, frenar y postergar. Incluso, es posible que esté en estado de inhibición y sumido en el inconsciente, sin que la persona sienta su presencia, tanto así que hasta puede «olvidar» que existe. En todos los procesos señalados anteriormente juegan un rol fundamental factores de índole psico-emocionales junto a otros cultural-religiosos.
En la consulta he podido observar que aún persisten resabios de prejuicios anacrónicos, los que se reflejan en la actitud ambivalente que se tiene hacia la masturbación. Aunque la persona sea agnóstica o atea, aunque afirme estar consciente de que no es perjudicial ni algo pecaminoso, aunque acepta a un nivel teórico-intelectual que no tiene «nada de malo», continúa sintiéndola como fuente generadora de tensión, ambigüedad y perplejidad. Mujeres mayores que evitan o se niegan a practicarla sin saber por qué, o lo atribuyen vagamente a que les da «lata» hacerlo, o aducen que «no les resulta», que no sienten «nada», o confiesan que se sienten inhibidas.
En las mujeres más jóvenes, incluso aquellas que dicen orgullosamente «no creer en Dios ni estar ni ahí con los pecados, ni con la Iglesia Católica», reconocen una cierta sensación de vergüenza, de incomodidad, de que «de alguna forma» sienten que es un acto de naturaleza sucia. Algunas jóvenes afirman que nunca lo han intentado; otras, que lo hicieron por un corto tiempo en la pubertad y después nunca más. En cambio, en los hombres, la situación es muy diferente. Efectivamente, casi no se encuentran casos como los antes mencionados, aunque en los últimos dos años me han llegado consultas por mail de varones jóvenes que se sienten “en pecado” por no poder dejar de masturbarse.
Aunque se sabe que la masturbación ha existido desde siempre, en todo periodo histórico, en toda cultura, en toda clase social, a cualquiera edad, en ambos géneros y en los animales; y, aunque se reconoce que es una actividad inofensiva, continúa teniendo mala reputación y siendo despreciada. Sobre cuáles mitos se sustenta esta actitud? Persiste cierta ignorancia y confusión, incluso en los términos que se usan: onanismo, masturbación, auto-estimulación, auto-erotismo, abuso de uno mismo. El pecado de Onán se confundió con el coitos interruptus, pero se sigue ocupando onanismo como sinónimo y como “prueba” de la condena de Dios a quienes desperdician su semilla en vez de procrear. Y hay tres traducciones distintas para la raíz etimológica latina del vocablo masturbación.
La actitud ante la masturbación ha variado a lo largo de la historia de la humanidad. Consecuentemente con el reinado dionisiaco, fue apreciada durante un tiempo. La mitología cuenta que Hermes se la enseñó a Pan para aliviarlo del sufrimiento por su inaccesible Eco y que éste la traspasó a los pastores. En el antiguo Egipto se la celebraba por haber permitido al dios Sol concebir a la pareja original. En Grecia, Diógenes se masturbaba en público riéndose de que así se habría evitado la guerra de Troya. Entre los pueblos americanos, el mito del indio pícaro es igualmente muy antiguo. En la actitud condenatoria, las religiones jugaron un rol fundamental. Para el Talmud, el hombre que fornica con sus manos no tiene excusas. Para el Zóhar, la masturbación es el peor de los pecados. Con el advenimiento del cristianismo se agrava esta postura y desde la Alta EdadMedia predomina la visión agustiniana apolínea culpógena que perduraría durante siglos: La naturaleza humana siente sin duda vergüenza de esta voluptuosidad.
Aunque cabe señalar que, por un tiempo, al menos no se la prohibió y que, hasta principios del Renacimiento, se fue indulgente con las mujeres que la practicaban. La situación mejora con La Ilustración. Los filósofos se muestran tolerantes. Diderot escribe un extenso artículo liberal sobre la manustupracion (concepto usado como verbo por Montaigne en 1580) en su Enciclopedia. Rousseau, con bemoles, se declara a favor en El Emilio. Empero, en 1758, el médico francés Tissot provoca un grave retroceso al incorporar la ciencia en la construcción de mitos, atribuyendo a la masturbación cualquiera afección de origen desconocido, argumentando que un delito tan enorme inevitablemente involucra un castigo terrible. Sostuvo que toda actividad sexual agotaba los nervios, poniendo en peligro la cordura, por lo que hasta mediados del s. XIX, se recurría a atormentadores procedimientos físicos para curar la masturbación.
A pesar de que a inicios del s. XX aún se creía que originaba gangrena, algunos médicos realizaron un salto interpretativo: los trastornos mentales serían reactivos a la culpa y no a su práctica. Freud asocia la histeria con la represión sexual victoriana, donde una mujer decente no tiene deseo sexual. Más relevante fue su descubrimiento de la naturaleza autoerótica en los niños. Otros avances se deben a Shekel, Groddeck y Reich, hasta llegar al impacto producido por Kinsey y por la Revolución Sexual.
Pero, hubo que esperar años para que no sólo se desvirtuasen los aspectos negativos, sino que se destacasen los positivos. Hoy, los científicos consideran que la masturbación es beneficiosa para la sexualidad individual y de pareja, para la realización del amor y la creatividad, usándola como técnica terapéutica en las disfunciones sexuales. Incluso la Enciclopedia Británica menciona su naturaleza agradable, sedativa e hipotensa. La prestigiosa revista The Lancet propuso que, en esta época del sida, masturbarse sería como hacer el amor con una sola persona cuya historia sexual es perfecta y realmente conocida (hace pocos días, el cardenal emérito Martini defendió el uso del condón como un mal menor para prevenir el sida) y Woody Allen epata con su frase: es como hacer el amor con la única persona que amamos verdaderamente.
Pareciera que se ha superado la condenación, sin embargo, en el catecismo de 1992 se la vuelve a indicar como pecado. Al revisar en internet la postura más actual, encontramos que aún se dice que para Dios es muy importante que no abusemos de nuestro cuerpo que (éste) se contamina y se corrompe. Mientras más masturbaciónmás deseo (ya que) no satisface realmente ni sacia. Es ahí donde Satanás nos tiene en sus manos. Lo peor es que envuelve fantasías, visualizaciones. Los actos que se imaginan son más pecaminosos y lujuriosos todavía. Toda la inmoralidad sexual empieza con un pensamiento (Pastor D. Ureña, 2005).
Se insiste en la prohibición del preservativo, ya que éste bloquearía el único propósito del semen: la procreación. En el Confesionario se hacen detalladas preguntas para “pillar” este pecado y, hasta hace poco, eran condenadas hasta las poluciones nocturnas. Los sacerdotes deben ser célibes (el padre Jolo tuvo que pedir la dispensa) y practicar la abstinencia total (incluida la masturbación). Tal como afirma Bantman, la Iglesia. Agrega que la herencia puritana quedó en evidencia cuando el mismo Clinton (con que cara!!) destituyó a su ministra de Salud, la pediatra Jocelyn Elders, por haber alabado públicamente los meritos de la masturbación y sugerir que se debía enseñar en los colegios e institutos. continua persiguiendo con toda su furia a contraventores y adeptos a cualquier clase de masturbación
Entonces, aún persisten resabios de las actitudes condenatorias de la doctrina judeo-cristiana y no hay que olvidar que el Estado se separa definitivamente de la Iglesia recién en el siglo XIX. Las consecuencias de las estructuras represivas del pensamiento sobre la sexualidad han sido magistralmente analizadas por Foucault. Si la masturbación se acompaña de sentimientos de inquietud, culpabilidad y desesperación, no puede ser disfrutada sinceramente y pasa a ser una experiencia agridulce. Esta forma de placer que debería estar exenta de cualquier ansiedad o conflicto emocional, continúa produciendo ambivalencia y los mitos brillan con su presencia. Esto queda reflejado en las preguntas con que se encontraron en el último Report del Instituto Kinsey (1990):
¿La masturbación produce granitos?
¿La masturbación es mala para la salud?
¿Afecta la masturbación la capacidad de convertirse en madre o padre?
¿Puede causar locura la masturbación?
¿Puede la masturbación agrandar el tamaño del pene de forma permanente?
¿Puede la masturbación reducir o acortar el pene de forma permanente?
¿Cambia la masturbación la forma o la curva del pene?
¿Altera la masturbación de manera permanente el tamaño, forma o color de cualquier zona de los genitales femeninos?
¿La masturbación causa alguna enfermedad?
¿La práctica de la masturbación durante la adolescencia reduce la capacidad de reaccionar sexualmente con un compañero más adelante?
¿Es normal masturbarse si se esta casado (a)?
¿Cuál es la frecuencia normal de masturbarse?
¿Cuál sería la frecuencia de una adicción a masturbarse?
Las dudas que se tienen en 2011 no son muy distintas a las mencionadas en las preguntas anteriores. En distintos sitios de internet, algunas de las preocupaciones actuales son:
¿Hay algo físicamente malo en masturbarse?
¿Soy un perdedor si me masturbo?
¿Puede ser demasiado?
¿Cuánto es lo normal?
¿Es normal sólo en púberes y adolescentes?
¿Pocos adultos lo hacen?
¿Sólo los hombres se masturban?
Suman y siguen: hace que crezcan pelos en la palma de la mano, es mala para la vista, produce acné, cáncer, causa enfermedades de transmisión sexual, se acabará el semen?. Esta última inquietud viene de la antigua creencia de que existía una cantidad finita de semen, así que no había que desperdiciarlo ni en la masturbación ni antes del matrimonio.
Una simpática anécdota muestra cómo nuestra prejuiciosa mente puede llegar a diagnosticar a un perrito macho que, en una estirada cena formal, se masturbó en la pierna de un caballero. Si hubiese sido un hombre humano, lo hubiesen etiquetado de onanista, gay, exhibicionista y fetichista. Pobre perrito!! No sabe lo enfermito que está, lo degenerado que es!!
Un gran problema en el área de la Personalidad es delimitar la cantidad de rasgos, dimensiones, superfactores, factores o tipos. A lo largo de la historia se han postulado clasificaciones desde 2 hasta más de 18. De las dos teorías más en boga actualmente, una identifica 3 y la otra 5 superfactores. El MBTI, otro sistema muy aceptado, amplia los 8 tipos de Jung a 16. Millon, uno de los más influyentes especialistas, ha descrito varios “estilos de personalidad”. En los dos manuales de Salud Mental, el CIE y el DSM, el número de trastornos de la personalidad ha variado de una edición a otra, tanto aumentando como disminuyendo.
El Eneagrama postula que existen exactamente 9 personalidades basándose en la teoría de los 3 Centros, la cual se remonta a la antigua doctrina de la división del alma y a las Funciones Psíquicas Centrales. La divisibilidad apuntaba a que cualquier ámbito – sea físico, psíquico o matemático – se divide en partes que no pierden su relación con el todo. Así, fenómenos psíquicos aislados forman grupos independientes dentro de un mismo sistema. Areteo, posterior a la división de Pitágoras, formula la terminología que más tarde pasa a la división tripartita de Platón. Con Aristóteles esta teoría se transforma en la de las potencias. Durante la Escolástica se encuentra en la Psicología de las Facultades (Aquino). Posteriormente se le van agregando aportes de la Psicología del Renacimiento (Wolff) y de la localización de funciones (p.e. la Frenología). Actualmente, en Ontología y Epistemología se la estudia dentro de la problemática mente-cuerpo; pero, en Psicología esta en desuso, aunque remitan a ella conceptos de las neurociencias como el de modularidad (antes las 3 capas evolutivas cerebrales) y el modelo de los 3 Superfactores (el Bigfive representan una versión más expandida y diferenciada de los 3 Grandes).
Entonces, en base a que en el ser humano existirían 3 áreas psíquicas fundamentales, 3 estilos de inteligencia, 3 fuentes de energía, 3 instintos básicos o 3 “cerebros”, el Eneagrama distingue 3 centros, representados en el triangulo equilátero: instintivo-motor, emocional y mental. Siguiendo la tradición de localización espacial de las potencias del alma dentro del cuerpo (p. e. Demócrito ubicaba la parte pensante en la cabeza, la ira en el corazón y los deseos sensitivos en el hígado), metafóricamente corresponderían, respectivamente, a las vísceras, el corazón y la cabeza. Cada uno de los 3 centros se subdivide a su vez en 3 tipos, sumando un total de 9 eneatipos. Por lo tanto, cada Tríada esta compuesta por personalidades con características comunes, pero con claras diferencias entre ellas. De acuerdo con esta teoría, el Eneagrama podría ser útil para dilucidar las incongruencias respecto a la cantidad de trastornos de personalidad que se postulan.
El problema de la validez:
En el estudio científico de la Personalidad, aunque ha habido avances, existe desconfianza hacia las teorías debido a la insuficiente fundamentación empírica. Dentro de esta situación general se inserta uno de los puntos más débil del modelo eneagramático: la escasa convalidación científica. Este modelo es perfectamente factible de estudiarse adecuadamente y, de hecho, actualmente están en progreso investigaciones en que se están aplicando métodos científicos para probar la validez del sistema. Estudios transculturales, transversales y longitudinales podrían contribuir significativamente a este objetivo.
Una forma indirecta de validación lo constituyen las correlaciones que se han podido efectuar con otras clasificaciones, topologías y taxonomitas provenientes de distintas teorías. Otra forma seria comprobar que los rasgos de cada eneatipo se relacionen con el perfil mostrado en el Rorschach (se han encontrado ciertos indicadores coincidentes). Por último, la favorable experiencia personal que relatan distintos terapeutas, contribuye a validar este sistema como muy útil para los pacientes. Afirman que los resultados de las terapias son más rápidos, pero a la vez más profundos. Lo anterior puede aportar a la controversia entre terapias cortas orientadas a un objetivo concreto y terapias largas orientadas a lo estructural.
El problema del “encasillamiento”:
En términos muy generales, la Psicología y la Psicología Clínica se mueve entre el conocimiento general taxonómico y la especificidad irrepetible de cada persona. En términos más específicos, la discusión relativa al encasillamiento siempre ha estado presente en los intentos de clasificación, lo que remite a la controversia entre la Psicología Idiográfica y la Psicología Nomotética. La primera sostiene que, como el individuo es una configuración única, no se lo puede situar en un punto concreto del continuo de rasgos; que los rasgos son solo una abstracción artificial que no reproduce a una persona en particular. A esta aproximación se le ha criticado que culmina en un nihilismo respecto al estudio científico de la personalidad, ya que la ciencia avanza descubriendo principios generales y que, al final, todo lo que existe en la naturaleza es único. Eysenck señala que, a pesar de los años de retórica, la investigación idiográfica, aunque ha aportado relevantes ideas, no ha logrado contribuir significativamente a la comprensión científica de la personalidad y que, incluso Allport, uso métodos nomotéticos en sus investigaciones. (Últimamente hay un renovado interés por estudios idiográficos y de casos, ya sea en categorías cualitativas o ya sea mediante modelos estadísticos).
La Psicología Nomotética aduce que la existencia de diferencias implica similitudes y que ambas pueden situarse dentro de dimensiones medibles. Dado que los seres humanos son en esencia parecidos, es factible formular leyes generales a partir de muestras pequeñas y no representativas. Así, la personalidad puede estudiarse comparando a individuos con respecto a variables específicas. Como dice Eysenck, ningún estudio resulta posible sin una previa clasificación mínima del múltiple material a investigar. Este es el primer paso y constituye un andamio para análisis causales comparativos entre factores genéticos y ambientales. A esta aproximación se le critica que entrega retratos sin vida del individuo y que los trabajos centrados en variables experimentales no han sido concluyentes. Es así como, mientras algunos investigadores se interesan más por las diferencias individuales, otros se abocan a la estructura del sujeto, pero otros van aún más allá, tras la esencia de lo que hace a una persona, una búsqueda bastante más ontológica.
Mientras que la mayoría de las tipologías consideran aspectos parciales de la personalidad descuidando otros, el Eneagrama, aunque se centra más en las diferencias interindividuales, en lo nomotético; también se aboca a la estructura individual (incluida laesencia). Es dentro de este panorama donde hay que entender el problema del “encasillamiento”. El modelo eneagramático entrega categorías generales, sin sacrificar la individualidad. Postula que, en general, solo el tipo básico es definitivo. La forma dinámica en que esta estructurado supone que cada eneatipo se combina con ciertas variables conformando más de 100 diferentes subtipos secundarios que van cambiando con el transcurso del tiempo en un mismo individuo. Por tanto, el encasillamiento es principalmente un problema respecto al tipo básico, ya que los subtipos varían dependiendo de: las “alas”, la segunda mayoría del perfil, el instinto predominante (social, autopreservación o sexual), el nivel de desarrollo (sano, promedio o malsano), el polo dicotómico, el grado de integración y desintegración. Para eludir el encasillamiento y aproximarse a una perspectiva “idiográfica”, se puede combinar con el Rorschach y otros test proyectivos. Por otra parte, basándose en la literatura etopéyica, se han efectuado identificaciones de eneatipos principalmente en obras de Teofrasto y Chaucer, así como de personajes tales como Peter Pan, Madame Bovary, Gatsby, La señora Dalloway, El Rey Lear, Lady Macbeth. Este trabajo puede continuar analizando a otros escritores de caracteres tales como La Rochefoucald, La Bruyere, Butler, fuera de los más modernos.
El problema de la identificación del tipo:
Para identificar el eneatipo no se requiere consultar a un profesional. La persona puede hacerlo por su propia cuenta mediante los cuestionarios que incluyen los libros al respecto. Las identificaciones erróneas eran más frecuentes en los primeros tiempos, pero en los últimos años los instrumentos de auto-identificación se fueron perfeccionando y se crearon otros nuevos. Algunos son de índole general, en tanto que otros son mas largos y específicos, por si se necesita una mayor precisión. Se puede cuestionar que, como no son test proyectivos, la persona podría – consciente o inconscientemente – alterar sus respuestas. Es posible que esta situación se produzca en alguna de las aplicaciones del Eneagrama (p.e. en la selección de personal); pero es mucho menos probable en el campo de la psicoterapia y del crecimiento personal.
Una forma de despejar dudas consiste en determinar la tendencia dominante en las distintas agrupaciones triádicas existentes: estilo perceptivo o de inteligencia, estilo social, estilo afectivo y estilo defensivo. Después de ubicar los rasgos generales que comparte con otros eneatipos en dichos aspectos, se puede realizar una delimitación más fina centrándose en las características diferenciadoras específicas: pasión, fijación, deseo y temor básico, etc. Si aún persisten las dudas, se puede recurrir a algún especialista para una entrevista personal y/o para que se le aplique el Rorschach y poder contrastar sus resultados con los rasgos más indicativos de cada eneatipo.
El problema de la perspectiva negativa:
Se ha planteado que el Eneagrama parece resaltar las falencias de cada personalidad, puesto que sus conceptos centrales apuntan a aspectos negativos: compulsiones yfijaciones. El primero se relaciona con la tradición de los 8 pecados capitales (los que se redujeron a 7 después de la Reforma Gregoriana), a los cuales se les agrega el miedo. No obstante, el trasfondo apunta a que son las 9 virtudes básicas, las que, al ser llevadas al exceso se transforman en pasión (o “enferman”). Similarmente, las fijaciones se refieren a aquellas creencias (ideas santas) que, inicialmente en la vida, pudieron servir para adaptarse al medio, pero que con el tiempo se volvieron rígidas y anacrónicas. Entonces, lo que ofrece son claves que reflejan nuestra esencia “dormida” y señalar lo negativo sirve para sugerir desde donde enfocar el crecimiento.
Por otro lado, el Eneagrama es un sistema que no surgió de la observación de pacientes y que resalta el estilo “normal” de cada eneatipo. Por el contrario, dentro de la psicología, durante años, la tendencia general era a centrarse en lo patológico. Solo recientemente se nota un esfuerzo por describir – aun solo tentativamente – los “estilos de personalidad”, aunque más bien sindicándolos como pre-mórbidos. Por su parte, el Eneagrama muestra los niveles de desarrollo, donde se describen los rasgos más sobresalientes en tres estados de “sanidad” dentro del continuum de salud mental: nivel malsano, nivel promedio y nivel sano (o evolucionado). Así, la persona vislumbra cuales son sus potencialidades, pero también evidencia su sombra, lo que contribuye a que pierda el miedo a conocer su interioridad, repercutiendo favorablemente en su auto-estima. Similarmente, las direcciones de integración y desintegración reflejan las tendencias mas típicas cuando se siente, respectivamente, seguro versus bajo estrés, área de estudio a la que se le esta otorgando gran atención últimamente. Concluyendo, este modelo, a diferencia de otros, no es patologista y remarca los rasgos positivos. Finalmente, se conoce a los eneatipos por un número y no por un nombre, justamente para evitar “etiquetas” peyorativas. Esta es una convención muy útil, ya que en una sola palabra esta implícita mucha información acerca del eneatipo.
El problema del origen de los eneatipos:
La cuestión del origen de los eneatipos entronca con la antinomia nurtur-natur, con la antigua controversia psico-filosófica entre la tabula rasa de los empiristas versus el innatismo de los idealistas, polémica a la que se han incorporado las neurociencias. Como los eneatipos son personalidades, primero hay que definir y delimitar el concepto dePersonalidad. Durante años se usaron los términos carácter, temperamento y personalidad – incluso tipo y biotipo – en forma intercambiable, como sinónimos. Hoy en día se vive un renovado interés por estos tres grandes ámbitos en que se ha centrado el estudio del individuo, pero aunque se ha avanzado, persiste cierta confusión, sobre todo en el lenguaje cotidiano. Predomina la tendencia a reunificarlos y reducirlos bajo una supra dimensión única que seria la Personalidad, la cual representaría la compleja interacción entre las influencias del temperamento y del carácter (OMS, Eysenck, Millon y Davis, Kernberg).
La Personalidad sería una compleja organización de características psicológicas profundamente enraizadas que configuran una síntesis unitaria, un patrón dinámico, intrínseco e idiosincrásico de percibir, sentir, pensar y comportarse. El Temperamento sería la parte innata de la personalidad, los rasgos genéticos, relativamente estables y consistentes, aunque modificable por el aprendizaje. Aporta la dimensión neurofisio-endocrina, la disposición reactiva. El Carácter sería la parte adquirida e internalizada, la más estable y volitiva, determinada por la interacción entre temperamento y experiencias. Aporta la dimensión interpersonal, social y moral. Como se decía antes, la personalidad se realiza y concreta en la variedad de los caracteres. Entonces, la personalidad es resultante de una compleja matriz de variables, de una especie de modelo bifactorial, donde el primer factor seria lo innato y el segundo lo aprendido. Como no es posible efectuar una ponderación relativa de dichos factores en casos particulares, otra forma de enfocar el problema es desde el estudio científico de las diferencias individuales, con lo que se entra al terreno de las taxonomías tipológicas.
El eneatipo, entendido como Personalidad, se corresponde con la teoría general de la Personalidad, pero referente al origen especifico de cada eneatipo es poco lo se que puede concluir. Casi no existen trabajos que sigan los lineamientos de la Psicología Diferencial y las escasas hipótesis son reconocidamente especulativas. Se ha relacionado el tipo básico con cierta dinámica familiar particular y con algunas tempranas tendencias del estilo de carácter. El proceso se iniciaría alrededor de los 3 años y culminaría aproximadamente al terminar la pubertad. Por tanto, aunque se sabe que es multicausado, su origen es aún un misterio.
La cuestión del temperamento:
En términos generales, en la psicología se ha prestado escasa atención a las predisposiciones genéticas y sólo recientemente – en la década del cerebro y al auge de las neurociencias – se ha vuelto a investigar sobre el temperamento. Una de las tipologías que han renacido es la de los cuatro temperamentos clásicos de la doctrina humoral hipocrática-galénica (La Profecía de Galeno es el título de uno de los libros de Kagan). Como disposición reactiva emocional, el temperamento es muy relevante puesto que influye en la sensación subjetiva del grado de seguridad que el niño siente que necesita. La tendencia a un cierto estado anímico – hipertímico, distímico, hipotímico, ciclotímico, apático, alexitímico – afectará la perspectiva desde donde va a percibir el mundo que lo rodea. Fuera de las relaciones objetales y de otras variables ambientales, el temperamento influirá en los mecanismo de defensa que desarrolle y en el tipo de personalidad que estructure. Aunque ni los factores biológicos ni las experiencias tempranas son deterministas, sí conforman en conjunto una estructura sustancial relativamente fija que organiza.
Si bien lo que se entiende por esencia – presente al inicio de la vida y permaneciendo siempre en el fondo – se puede entender como predisposición del temperamento, las falencias del Eneagrama en incorporar el ámbito neurosifiológico y, particularmente el del temperamento, son enormes. No obstante, últimamente se han producido algunos avances. En general, en el estudio de ciertas variables biológicas, como las neuroendocrinas, puede ser de ayuda el Eneagrama de los Tipos Humanos Esenciales. Por otra parte, hay intentos por relacionar los tres grandes neurotransmisores (serotonina, dopamina y norepinefrina) con los tres centros y con los eneatipos, sugiriéndose la proporción presente en cada uno de ellos. Por otro lado, se ha observado que las personas pertenecientes a un mismo tipo tienden a compartir ciertos rasgos físicos, lo que apuntaría a factores constitucionales. Sin embargo, se ha reconocido que los esfuerzos por correlacionar los rasgos específicos en la infancia con los temperamentos clásicos han sido infructuosos hasta ahora. Al logro de este objetivo puede ayudar el análisis de laspasiones y el profundizar en las características de la esencia (siguiendo al sufismo, laspreocupaciones de cada eneatipo son mensajes indirectos de los aspectos perdidos de laesencia). Dicho logro sería muy importante para que los padres reconociesen y aceptasen las diferencias entre sus hijos. Por último, en los trastornos de personalidad, los psicofármacos podrían regular el factor anímico, lo que posiblemente redundaría en el uso de menos defensas y más maduras, influyendo a la larga en las rutas neuronales.
Comentarios Finales:
El Eneagrama de la Personalidad es un modelo taxonómico holístico, sistémico, dialéctico, dinámico, introspectivo, no patologista (aunque incorpora los trastornos sindromáticos y de personalidad), que incluye en su teoría la relatividad de la percepción y una perspectiva espiritual. Como instrumento de auto-conocimiento y crecimiento personal, facilita itinerarios de crecimiento, tanto en el plano psicológico-existencial, como en el espiritual. Pero no sólo es relevante para dichos ámbitos, sino que también lo es para la filosófica, como en la polémica relación mente-cuerpo. En el fondo, es una teoría y una metodología combinable y compatible con otras. Se trata de un enfoque de data relativamente reciente, que se encuentra en continua evolución; sería como un esqueleto al que se le han ido incorporando conocimientos desde distintas áreas y que sin duda seguirá progresando gracias a aportes provenientes de correlaciones con otros sistemas, de nuevos campos de investigación, especialmente en las neurociencias, etc. Por lo tanto, si bien existen aún enormes carencias, el mismo sistema muestra los caminos por donde proseguir avanzando hacia una teoría más general y más coherente que otras macroteorías.
Las mayores falencias se encuentran en la escasez de investigaciones y en el descuido de variables tan significativas como las biológicas y las ambientales (más allá de las relaciones objetales). En efecto, si los estudios relativos el área biológica en general son escasos, los son más aún en el área del temperamento y de otros factores neurofisiológicas. Por otra parte, se le ha prestado casi nula atención a un tópico que hoy se considera fundamental, como lo es la teoría evolucionista. Tampoco ha despertado mayor interés su aplicación al campo de la sexología, la homosexualidad, la psicología de género y la etaria, etc. Finalmente, aunque el Eneagrama de las Relaciones Interpersonales incorpora elementos de la Teoría General de los Sistemas, empero no incluye elementos ambientales de otra índole como los socio-culturales religiosos ni los económicos.
Personalmente, el Eneagrama me ha sido de mucha utilidad, tanto en mi vida personal como en mi rol de terapeuta. Entrega otros lentes con los que mirar al ser humano dentro de los distintos subsistemas a los que pertenece y observar el tipo de relaciones que establece con los demás, ampliando la visión acerca de lo que se puede considerar “normal” o patológico. Si en el plano teórico es dable discutir la validez de este enfoque, el escepticismo no cabe en el plano terapéutico; por mucho que se lo descalifique, epur si move como diría Galileo. Efectivamente, como herramienta terapéutica es indudablemente muy efectivo. La recopilación de información es mucho más rápida, el “diagnóstico” y la “etiología” son más precisos y, el hecho de compartir el mismo paradigma con el paciente, hace que las terapias sean más cortas y fructíferas. Se podría señalar que habría una contradicción entre insistir en los beneficios terapéuticos de este modelo y afirmar, al mismo tiempo, que el tipo básico no cambia. En este estricto sentido, ciertamente la gente no cambia, pero sí evoluciona (o mejora, como preferirían decir otros).
Por otra parte, la terapia tiene un efecto expansivo, ya que cuando crece un miembro de la familia, inevitablemente se modificará el sistema familiar; similarmente, se “expande” a las amistades y a otras redes sociales, como se puede comprobar repetidamente. Asimismo, la persona aplica sus nuevos conocimientos a otras áreas de su vida (p.e. relación de pareja, laboral). Facilita el reírse de uno mismo y reírse con el paciente, no tomarse tan en serio, lo que resulta muy terapéutico (también para el terapeuta). Al reconocer el eneatipo del terapeuta, el paciente se va a sentir dentro de una relación más paralela, lo que redundará en el rapport. Una ventaja no menor es que es entretenido. Frente al miedo al encasillamiento, suelo explicar que es un mapa aproximativo muy general, que sólo orienta respecto a algunas coordenadas, como que vive en Sudamérica, en Chile, en Santiago y, con suerte, sugerirá en cuál comuna. Que no se preocupen, que jamás delatará la dirección exacta.
Sin embargo, a pesar de las ventajas mencionadas y de lo auspicioso que parece el panorama a futuro, los expertos en el Eneagrama ya no se encuentra como en el período inicial cuando, con la profusión de publicaciones, se originaron expectativas un tanto irracionales, de un exuberante optimismo. A medida que se fue profundizando, fue surgiendo un cierto escepticismo junto a un miedo al fanatismo y al dogmatismo. Ahora ya no se lo insinúa como una potencial panacea universal para la psicología. No se sugiere que se pueda llegar a elaborar LA tipología basada en LA teoría de la Personalidad y de las Diferencias Individuales. Incluso, como dentro de todo ámbito de estudio, hoy existen distintas “escuelas” eneagramáticas. Tampoco se sostiene que, como terapia, sea beneficiosa ni en el mismo grado ni para cualquier persona o relación, tal como ha quedado explicitado en algunos trabajos que publican testimonios de pacientes. Más bien, sería un marco teórico que propone distintas puertas por donde adentrarse, al mismo tiempo, en las problemáticas humanas; que ilumina un amplio campo de factores que se vislumbran como prometedores. No obstante, las principales críticas efectuadas desde dentro del sistema apuntan, particularmente, a que los intentos epistemológicos son casi nulos y que la atención se ha centrado predominantemente en sus resultados y métodos.
APENDICE:
Breve descripción de los tres centros y sus correlaciones:
Centro del sentir (2, 3 y 4): esta triada se correlaciona con el área afectiva, con el cerebro mamífero o sistema límbico, con el instinto social, con tendencias histeroides y con la inteligencia emocional (inter e intrapersonal). Se trata de la familia de la vanidad, con su problemática de inautenticidad. Ven la vida como donde se establecen las relaciones afectivas, por lo que están más centrados en el pasado. Suelen tener problemas de autoestima y conflictivas en sus relaciones interpersonales; buscan atención y amor; se sienten dominados por la emoción de vergüenza y por un anhelo carencial melancólico.
Centro del pensar (5, 6 y 7): esta triada se correlaciona con el área cognitiva, con el cerebro neomamífero o neocorteza, con el instinto de auto-preservación, con tendencias esquizoides y con la inteligencia intelectual. Se trata de la familia del miedo, con presencia de angustia inhibidora. Ven la vida como un puzzle o un enigma a resolver, por lo que están más centrados en el futuro. Suelen tener problemas de desconfianza, desorientación y con el hacer; buscan conocimientos y seguridad; se sienten dominados por la emoción del miedo y de la ansiedad.
Centro instintiva-motora (8, 9 y 1): esta triada se correlaciona con el área físico-corporal, con el cerebro reptiliano o primitivo, con el instinto sexual, con tendencias rígidas y antiintraceptivas; y, con la inteligencia visceral. Se trata de la familia de la pereza, la que ha perdido contacto con su propia interioridad. Ven la vida como una selva donde hay que tratar de sobrevivir, por lo que están más centrados en el presente. Suelen tener problemas con los límites respecto a los demás y con el control; buscan poder y autonomía; se sienten dominados por la emoción de la rabia y por tendencias impulsivas.
Triadas del Estilo Social:
Tipos Sociales (1, 2 y 6): tienden a acercarse a los demás en forma complaciente o sumisa a su Superyo. Buscan apoyo y afecto. Tienen problemas de confianza en si mismos y de dependencia. Sufren conflictos con las figuras de autoridad. Suelen ser culposos y rígidos. Problemáticas relativas al uso del centro mental, el menos desarrollado o el más inhibido. Tendencias cercanas a los tipos emocionales y al instinto social.
Tipos Retirados (4, 5 y 9): tienden a apartarse de los demás en forma resignada. Buscan libertad interior. Tienen problemas de confianza en los demás, no creen que los otros sean capaces de apoyar. Sufren conflictos tanto con las figuras nutrientes como con las de autoridad. Suelen ser orales y depresivos. Problemáticas relativas al uso del centro instintivo-motor, el menos desarrollado o el más inhibido. Tendencias cercanas a los tipos mentales y al instinto de auto-preservación.
Tipos Combativos (3, 7 y 8): tienden a enfrentar asertivamente a los demás en forma confrontacional. Buscan obtener recursos para sobrevivir. Tienen problemas de confianza en el amor de los otros. Sufren conflictos con las figuras nutrientes. Suelen ser histeroides, impulsivos y agresivos. Problemáticas relativas al uso del centro emocional, el menos desarrollado o el más inhibido. Tendencias cercanas a los tipos viscerales y al instinto sexual.
Triadas del Estilo Afectivo:
Tipos Frustrados (1, 4 y 7): predomina la sensación de un ego hambriento, especialmente en relación con su necesidad básica existencial (autonomía, afecto o seguridad respectivamente). En la infancia sintieron que sus necesidades no fueron adecuadamente satisfechas, se sintieron frustrados y quedaron con una orientación negativa hacia, respectivamente, las figuras de autoridad, las nutrientes o hacia ambas a la vez. Tienden a subutilizar su estilo de inteligencia. Suelen tener un autoconcepto de pseudoinferioridad y a guiarse por cánones externos. Esperan obtener receptivamente aquello que creen necesitar, creen que si cumplen con las normas, el mundo les va a dar lo que tanto ansían. Cercanos a los tipos emocionales y al instinto social.
Tipos Rechazados (2, 5 y 8): predomina la sensación de un ego inseguro, especialmente respecto de su necesidad básica existencial (afecto, orientación o autonomía respectivamente). En la infancia sintieron que no calzaban en su medio, que no tenían un nicho donde satisfacer sus necesidades, se sintieron rechazados y quedaron con una orientación ambivalente, respectivamente, hacia las figuras de autoridad, las nutrientes o hacia ambas a la vez. Tienden a sobreutilizar su estilo de inteligencia. Su autoconcepto es de pseudo-superioridad y se guían por su propio orden interno. Buscan activamente el logro de sus objetivos vitales; piensan que si tienen en sus manos las riendas de su vida, van a conseguir las metas que creen necesitar. Cercanos a los tipos mentales y al instinto sexual.
Tipos Apegados (3, 6 y 9): predomina la sensación de un ego elusivo, pero robótico ante su necesidad existencial básica (afecto, seguridad o autonomía respectivamente). En la infancia sintieron que les reforzaron demasiado su necesidad existencial básica, se apegaron rígidamente a ella y quedaron con una orientación positiva hacia, respectivamente, las figuras de autoridad, las nutrientes o hacia ambas a la vez. Tienden a reprimir su propio estilo de inteligencia, la bloquearon o se desconectaron de ella. Su autoconcepto es de pseudoadaptado y se guían inconscientemente por un orden pseudo armónico entre lo interno y lo externo. Tratan de conciliar su yo con aquello con lo que se identificaron positivamente; creen que si se aferran a ello van a lograr una imagen estable de si. Cercanos a los tipos viscerales y al instinto de auto-preservación.
Triadas del Estilo Defensivo (o Grupos Armónicos):
Tipos Positivos (2, 7 y 9): ante las crisis tienden a realizar una connotación optimista de la situación. Como predomina un temperamento sensible a la frustración, aprendieron a reprimir lo negativo y a usar maniobras escapistas ante el dolor. Suelen ser evitativos. Temen tomar contacto con las sombras de su interioridad y tienen problemas en identificar sus necesidades. Cercanos a los tipos emocionales y al instinto social.
Tipos Competentes (1, 3 y 5): ante las crisis tienden a ponerse lógicos y objetivos para superar la situación. Predomina un temperamento inhibido y en su sistema familiar aprendieron a encontrar soluciones. Suelen ser auto-controlados. Temen contactarse con el dolor de sus vidas y tienen problemas con como enfrentar las normas. Cercanos a los tipos mentales y al instinto de auto-preservación.
Tipos Reactivos (4, 6 y 8): ante las crisis tienden a expresar sus emociones negativas buscando una reacción en los demás y así sentir que tienen el control. Predomina un temperamento hiperestésico y suelen explotar ante las frustraciones. Tienden a ser emotivamente intensos. Temen perder el control de sus afectos y sufren con sus sentimientos contradictorios. Cercanos a los tipos viscerales y al instinto sexual.
Como la bibliografía general y la específica acerca del Eneagrama es tan amplia, no se incluye acá, pero la pueden obtener en:
Deja la lujuria un mes y te dejará ella tres (Refrán popular)
Sabemos que el deseo sexual generalmente disminuye – hasta cierto punto – con la edad y con la duración de la relación. Sin embargo, también sabemos que, después de haberse alcanzado esa disminución relativa, muchas parejas se estabilizan en una frecuencia de aproximadamente dos coitos semanales y mantienen dicha periodicidad por décadas. Una posible explicación la encontramos en la denominada “ley de Fisher”.
Según B. Fisher, destacado investigador canadiense, mientras más relaciones sexuales tengamos, mayor será la cantidad de sexo que nos pida nuestro cuerpo y, viceversa, mientras menor sea la frecuencia, menor será el deseo sexual (Smith, 2006). Cuanto más interactuemos con nuestra pareja de una manera sensual, táctil y afectiva, mayor será nuestra predisposición neuronal a sentir deseo. En este sentido, la sexualidad no funciona como otras apetencias físicas. Por ejemplo, si ingerimos alimento bien seguido, nos sentiremos saciados y, por el contrario, si pasamos mucho tiempo sin comer, tendremos una sensación de hambre que no disminuirá precisamente con el paso del tiempo. En cambio, hombres y mujeres tienden a masturbarse más frecuentemente cuando están practicando sexo más seguido con su pareja, en vez de cuando lo han realizado n formas más distanciada.
En otras palabras, nuestro organismo tiende a condicionarse a la cantidad de actividad sexual a la que lo habituemos. Si estábamos acostumbrados a una cierta cantidad y ésta disminuye abruptamente, sentiremos inicialmente un acrecentamiento de nuestro apetito sexual; sin embargo, si no lo satisfacemos, a la larga nuestro cuerpo se ajustará a la nueva frecuencia. Si no practicamos ninguna actividad sexual por un largo período,incluso el deseo sexual puede llegar a virtualmente desaparecer. Similarmente, si hemos aumentado la periodicidad usual, en vez de sentir menos apetencia, ésta será mayor después de un breve período de saciedad. Es decir, no solo nos adaptaremos a dicha mayor frecuencia, sino que nuestro cuerpo nos pedirá más. Al analizar la fisiología del deseo sexual podemos comprobar que los centros cerebrales que lo desencadenan son los mismos que se activan al consumir cualquier droga (Doidge, 2008). Por lo tanto – en términos fisiológicos – el grado de deseo sexual va a depender de su «consumo»; es decir, a más relaciones sexuales (satisfactorias) mayor deseo.
Por lo tanto, si por algún motivo se ha producido un distanciamiento relativamente prolongado en la pareja, la libido tenderá a disminuir. Puede que, inclusive, aunque sean superadas las condiciones que provocaron la distancia, el deseo no vuelva, como si el sexo hubiese dejado de estar presente en sus vidas. Es posible que ellos se amen, se comuniquen y la pasen muy bien juntos, pero no reaparece la pasión.
Si la ley de Fisher fuese correcta, entonces se podría reconsiderar la mala fama que tiene el sexo programado y “rutinario”. Hemos escuchado hasta el cansancio que el sexo espontáneo es mejor y que hay que huir de la rutina, innovar lo más posible, por lo que hay que variar los días, horas y lugares en que se tiene relaciones sexuales. Sin embargo, la opinión de la mayoría de los sexólogos apunta a que la sobrevalorada espontaneidad es más bien un atributo de la adolescencia y juventud temprana, así como de los primeros tiempos de vida de la pareja. Hay quienes además ponen hasta ésto en duda y sostienen que en los inicios de la relación en realidad se planificaba con detalle cada encuentro sexual para que fuese más placentero (p.e. cuando se ponían de acuerdo en ir a un motel).
Así que estamos ante uno de los tantos nuevos mitos sexuales. Tal como lo expresa Esther Perel (2007), el mejor sexo en pareja es premeditado, voluntario e intencional. Si no se programa, puede que desaparezca, porque la época de la espontaneidad ya pasó. Efectivamente, fuera de que es muy difícil que los dos miembros de la pareja tengan deseo sexual al unísono, en la vida agitada y llena de actividades que solemos llevar, especialmente después de la llegada de los hijos, no queda otra que ponerse de acuerdo para encontrar los momentos más apropiados para hacer el amor, los que probablemente van a ser casi siempre los mismos, el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar. Así que una pareja que esté llevando a cabo ciertas prácticas y posiciones de un modo que les es satisfactorio a ambos, no tendría razones para tener que modificarlas. Las posibilidades de innovación o de idear formas de huir de la rutina, son generalmente finitas y muy acotadas (especialmente dentro de la vorágine de la vida actual), por lo que se agotan rápidamente.
En este punto se puede retrucar que ¿cómo vamos a tener sexo si no tenemos ganas?. La respuesta está en que, si inician la actividad sexual aún sin deseo espontáneo, en la mayoría de los casos el deseo receptivo o reactivo se hará presente. Estamos así apelando a la capacidad de (auto)provocar(nos) la excitación. Recordemos que el mantener actividad sexual con cierta frecuencia favorece la conservación de las respuestas fisiológicas normales necesarias para su adecuado funcionamiento. Una actividad sexual frecuente eleva los niveles de hormonas sexuales (en los hombres la barba es más abundante durante los períodos en que en que está practicando una mayor actividad sexual) e, inversamente, cuando pasamos por momentos célibes o cuando nuestra salud está deficiente, los niveles de nuestras hormonas sexuales disminuyen, reduciéndose nuestra libido.
Pero volvamos a la ley de Fisher. Dado que nuestros organismos son maleables y el deseo sexual se ajusta a la frecuencia con que practiquemos los encuentros con nuestra pareja, es de suponer que, cuando se aproxima el momento en que estamos acostumbrados a tenerlos, nuestro cuerpo – previamente condicionado – se anticipe y empiece a sentir las ganas a priori, poniéndose en funcionamiento el sistema de recompensa apetitivo de nuestro cerebro, el del placer anticipatorio. (Como el deseo puede iniciarse al “pensar” en ello, cuantos más momentos dediquemos a fantasías o ensoñaciones eróticas, mayor será nuestra propensión cerebral a querer ese algo). En estudios tipo encuestas, la mayoría de los entrevistados que reportan estar muy a gusto con su vida sexual, afirman que la programan casi siempre en los mismos días y a la misma hora.
Doidge, Norman / El Cerebro se cambia a sí mismo / 2008
Perel, Esther / La inteligencia erótica: claves para mantener la pasión en la pareja / 2007
Smith, Tom / American Sexual Behavior: Trends, Socio-Demographic differences and risk behavior / 2006
Comentarios recientes