por Ceppas | Oct 15, 2014 | Sin categoría |
Muchas parejas que nos consultan se quejan de lo difícil que les es comunicarse con el otro o temen a su reacción si le cuentan sus cosas más íntimas. Y para qué decir lo que les cuesta resolver los desacuerdos, incluso los más cotidianos, desembocando en interminables conflictos y peleas.
A pesar de que ellos mismos dicen que estas peleas son por tonteras y no tienen importancia, como decimos en CEPPAS, un granito de arena, más otro, más otro…pueden hacer una playa. Pero además hay desacuerdos que son mucho más profundos, como aquellos que refieren a expectativas del proyecto vital de la pareja, o a decisiones relevantes en cuanto a la crianza de los hijos. Y no olviden que nosotros estamos siempre cambiando a lo largo de la vida, por lo que es muy posible que nuestra pareja ya no quiera lo mismo que antes y haya que volver a conversarlo todo detenidamente.
Quisiéramos recalcar que estas reglas tienen un trasfondo relacional, es decir, promueven la intimidad emocional, aquel espacio de respeto y confianza que permite una profunda comunicación entre la pareja.
Durante muchos años hemos utilizado con nuestros pacientes una serie de reglas concretas que han ayudado a que muchas parejas hayan podido alcanzar esos esquivos acuerdos puntuales que les hacían la vida compleja y a veces dolorosa. Este ha sido nuestro marco referencial para que ellos puedan hacerse una propuesta decente el uno al otro. Sin embargo, no son una panacea ni reemplazan necesariamente a una terapia.
Vayamos por parte. Lo primero sería que le muestren a vuestra pareja estas reglas de comunicación y negociación, para que así ambos estén de acuerdo en que las utilizarán en una cita especial cada vez que necesiten comunicarse más profundamente o resolver ciertos temas inconclusos.
Hagan click en el siguiente link para conocer estas reglas iniciales.
Reglas de la comunicación
Como verán, en una primera etapa se trata básicamente de un breve monólogo en que se le va a expresar al otro lo que sienten y/o lo que desean pedirle. Es recomendable que le hagan una pequeña descripción inicial del problema o tema sobre el que quieren conversar (p.e. “¿te acuerdas que te he pedido hace tiempo que llegues temprano a la casa? La última vez fue la semana pasada y terminamos discutiendo…”). Tengan presente que lo más importante es validar que nuestra pareja tiene una necesidad subjetiva de comunicarnos algo motivado por alguna insatisfacción personal. En otras palabras, fíjense que estas reglas son básicamente anti-argumentativas. Como dice Maturana, el recurrir a una supuesta objetividad suele ser una manera de obligar a otro a aceptar nuestra lectura de la realidad. Los argumentos “objetivos” o “lógicos” al momento de discutir se transforman en una forma solapada de invalidar la visión del otro. Y es por ahí que nos solemos perder y terminamos frustrados y enojados. En esos casos pareciera que todo se reduce a quién tiene el mejor argumento, sin que necesariamente sea “el mejor” o “más verdadero”, pues no hay tal cosa como “LA verdad” o el “tener la razón”. Nunca olviden esas frases mágicas que les enseñamos a nuestros pacientes: “Yo siento pena cuando llegas pasado las 21 horas en la semana”. Y esa otra: “te pido por favor, como una necesidad personal mía, que llegues al menos un par de días a las 20 horas. ¿Aceptas? ¿Qué quieres pedirme tú a cambio?”.
Una vez que el otro nos entrega una respuesta (sea un sí o un no), de todas maneras tendremos que dejar “ordenado” dicho acuerdo. Si nuestra pareja accede a nuestra petición (sin “peros”), la idea es escribirla y desarrollar los detalles de la solución.
Si nuestra pareja nos dice que no, no nos quedará otra que negociar. Recuerden que un “no” no significa menos amor ni empatía, sino una diferencia en la visión de cómo vivir la vida. A veces pensamos que ceder es amar, pero no es así. Este es uno de los tantos mitos asociados al amor, siendo que a veces no ceder es amar. Acá van, entonces, las reglas de la negociación:
Reglas de la negociación
Una vez cerrado el trato, el gran broche de oro es escribirlo en un cuaderno o en una hoja que guardaremos en una caja especial, para que así representemos las negociaciones fundamentales que hemos logrado alcanzar en pro de una mejor convivencia de nosotros como pareja. No se olviden de escribir también las sanciones desde la ordalía (que deben ser aplicadas si hay alguna trasgresión al acuerdo), para que esta propuesta de vida tenga el lugar que merece en vuestras vidas.
por Ceppas | Ago 21, 2014 | Coaching |
«Desde el actor británico Anthony Hopkins hasta Michelle Bachelet. Las personas y empresas que recurren a un coach suman y siguen. Su éxito va de la mano con un mundo cada vez más competitivo y que busca respuestas efectivas y más rápidas que una terapia.” (La Tercera)
El término “Coach” viene del deporte, y es el entrenador que logra sacar lo mejor de un deportista. Marcelo Ríos jugaba mucho mejor al tenis que su nuevo “coach”, pero el coaching que este le hizo fue lo que lo llevo a ser el número uno. ¿En qué consiste el coaching? ¿Cómo logra que las personas consigan sus objetivos?
“El coaching es una disciplina en rápida expansión, sólo superado por la industria de IT en su índice de crecimiento en Estados Unidos”, comentan Perry Zeus y Suzanne Skiffington en el prologo de su libro Coaching práctico en el trabajo. Este éxito se debe a múltiples factores; su enfoque práctico, sus metodologías modernas, su orientación al desarrollo de las personas “sanas” (sin patologías), pero sobre todo porque ha demostrado ser efectivo. En mi experiencia como coach de empresas (1), he visto como crece la demanda del coaching en el mundo organizacional–sobre todo a nivel ejecutivo- y la razón es simple: ha dado buenos resultados. De otro modo las empresas no invertirían en estos procesos que, por lo demás, no son baratos.
Del deporte, el coaching rápidamente se expandió al mundo de las organizaciones, pero luego tomo un espacio importante en el mundo terapéutico, orientado a las personas que buscan desarrollar sus potencialidades para lograr objetivos precisos en sus vidas. Hoy vemos una diversidad importante de tipos de coaching: life Coaching, coaching familiar, coaching laboral, coaching de pareja, etc.
¿En qué consiste el coaching?
Las principales ventajas del coaching es que son procesos relativamente breves, enfocados en la solución más que en la causa de los problemas y se centran en las fortalezas de las personas más que en sus debilidades.
Las personas que buscan coaching son por lo general proactivas y poseen automotivación para lograr sus propósitos. Como diría Carlos Castaneda (2),son guerreros en busca de su lugar de poder. Saben pedir ayuda porque están abiertos al aprendizaje y quieren hacerse cargo de su vida. Lo que consiguen es aumentar su propio empoderamiento, es decir, aclarar sus objetivos y activar sus recursos para lograrlos.
El coach es sólo el facilitador de este proceso; lo ayuda a indagar en sus recursos y fortalezas para instalar en su vida conductas efectivas, actúa como testigo de sus avances y éxitos, lo desafía a continuar cuando se desmotiva, lo impulsa a revisar sus creencias, le muestra la consecuencia de sus interpretaciones, le sirve de espejo cuando se contradice, lo acompaña a remover los obstáculos, le ofrece alternativas de cursos de acción, le entrega nuevas herramientas y técnicas de comunicación para ampliar su círculo de influencia.
Para lograr este acompañamiento el coach maneja una variedad de metodologías y principios de la sicología, la filosofía del lenguaje (3) y la neurociencia (4). Además de nutrirse de la experiencia práctica de coach y asesores organizacionales (5). Incluso las universidades han incorporado actualmente la disciplina del coaching a sus programas de MBA, magister y diplomados para ejecutivos y formación de coach profesionales (6), porque saben que en el mundo del trabajo estos conocimientos y “habilidades blandas” son tanto o más importantes que los conocimientos técnicos.
En nuestro centro CEPPAS trabajamos con Positive Coaching, (Ver recuadro ¿Cuándo pedir coaching?) basado en los avances de la sicología positiva (7) y las evidencias de la neurociencia moderna sobre como aprende nuestro cerebro. Se trabaja con técnicas que despiertan las zonas más creativas de nuestro sistema neuronal, descubre y enfoca nuestras fortalezas a los nuevos desafíos y aprovecha la tremenda energía que surge de trabajar de forma alineada con nuestros valores más profundos.
Coaching personal y laboral en CEPPAS
Mi cariño se me va
¿Quién debe cambiar?…A veces las parejas no están de acuerdo en que necesitan una terapia, pero basta que uno esté dispuesto de hacer algo concreto para mejorar su relación para que algo bueno empiece a suceder. Cuando alguien viene a coaching con ganas de un cambio en su relación de pareja, con la determinación de ser más feliz en ella, ha dado el primer paso para lograrlo, porque el cambio de un miembro de la pareja necesariamente cambiará la relación. Coaching para la pareja no es una terapia de pareja, es para ayudar a un miembro de la pareja a positivar la relación y a explorar la voluntad del otro de abrirse a una terapia. Uno es la mitad del problema y uno puede ser la mitad de la solución.
¿Cómo lograr el trabajo que busco?
El coaching es una herramienta muy eficaz para preparar a las personas para las entrevistas de trabajo. Las simulaciones de entrevistas ayudan mucho, entregan técnicas de comunicación efectiva y bajan el estrés. Sin embargo, la inquietud de fondo de las personas que me ha tocado ayudar en este proceso es encontrar el tipo de trabajo que los haga feliz, donde sientan que pueden aprovechar todas sus potencialidades. Un lugar donde valoren sus competencias y puedan aportar en lo que realmente creen. Yo creo que hay una empresa que nos anda buscando precisamente a nosotros, pero nosotros no sabemos bien lo queremos y lo que valemos. Encontrar el trabajo que nos busca comienza por conocernos.
El mejor lugar es ser feliz
¿Cómo disfrutar en mi trabajo? ¿Debo cambiarme de trabajo? Son preguntas con que llegan muchas personas a coaching. Pasamos gran parte del día en el trabajo, pero no somos felices allí: una mala relación con nuestro jefe o con nuestros pares puede amargarnos la vida. La mayoría de personas que he visto han pensado en renunciar muchas veces pero tienen miedo de no encontrar otro o que les pase lo mismo. Están inmovilizados y se sienten sin poder. Antes de cambiarnos de “pega” ¿podemos intentar cambiar lo que nos molesta?.¿Depende en parte de nosotros?
El coaching laboral se enfoca en potenciar nuestras habilidades blandas y positivar nuestras relaciones en el trabajo. Se aprende a como dar y recibir feedback, hacer peticiones y lograr compromisos, destrabar conflictos y aprovechar el potencial propio y de nuestro equipo.
¿Es posible diseñar la vida que quiero?
En la vida nosotros somos nuestros propios jefes y nadie está obligado a vivir una vida prestada. Lo que realmente nos quita el sueño no son los problemas, es no estar haciendo todo lo necesario para conseguir nuestros sueños. El coaching de vida se aboca a rediseñar nuestra vida actual, como si de verdad fuese la única que tenemos y dependiera de nosotros. Se aprende a definir objetivos claros y realizables, detectar nuestras propias trampas y obstáculos, remover creencias desmovilizadoras y juicios justificadores. Su objetivo es ampliar el círculo de nuestro poder personal.
El coaching para la negociación, es una intervención breve cuyo objetivo es lograr acuerdos concretos basados en el principio ganar-ganar. Se aprende cómo hacer peticiones realistas y asertivas y lograr compromisos mutuos. Es muy efectivo para parejas, padres e hijos, socios o cualquier persona que quiera superar diferencias con otra y conseguir un acuerdo sustentable y positivo para ambas partes.
Coaching para manejar el stress, nos permite identificar nuestros principales estresores o motivos de tensión y encontrar la fuente de nuestra energía y creatividad, que es la mejor forma de equilibrar y gestionar el ritmo de vida que enfrentamos actualmente.
Alvaro Godoy
Coach Integral Universidad Católica
CEPPAS.CL
Badajoz 130, Of. 1101,
Edificio Oficinas de Cordoba,
Las Condes.
Teléfonos: (02) 2207 0926 – (02) 2207 1126
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(1) Actualmente es Consultor especialista en Coaching en TARGET-DDI, consultora internacional en RR. HH. En este rol ha trabajado para empresas como Nestle, Cencosud, BancoChile. Collahuasi, Agrosuper, Roche, Delloite, ACHS, Chile-Tabacos, Autopista Central, SK Rental, Covidem, Yamana, Monticello, Indura, YPF, Los Héroes, SURA, RSA, ESSBIO, LAN, entre otras.
(2) Carlos Castaneda, Antropólogo, autor de Las enseñanzas de Don Juan y varios relatos de poder.
(3) Grandes filósofos del lenguaje le dan el sustento teórico al coaching, entre ellos Federico Nietzsche, Martin Heidegger, Ludwig Wittgenstein y John Austin que coinciden en que el lenguaje “genera realidades”.
(4) Científicos como Gregory Bateson (Palo Alto) y los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela entre otros, demuestran que los seres humanos no estamos biológicamente capacitados para acceder a una verdad independiente de nosotros mismos. Lo que “ocurre” es lo que “nos ocurre”.
(5) Por ejemplo, asesores de empresas mundialmente famosos como Steven Covey (Los siete hábitos de las personas altamente efectivas) o Peter Senge (La quinta disciplina). En Chile Fernando Flores y Rafael Echeverría (Ontología del Lenguaje) han aplicado a la práctica del coaching sus teorías.
(6) En Chile universidades como la U. Católica, U. del Desarrollo y Adolfo Ibáñez ofrecen diplomados y magister sobre esta disciplina.
(7) Martín Seligam, considerado el padre de la sicología positiva, propone que el bienestar y la felicidad así como el optimismo es una capacidad entrenable en nuestro cerebro. Neurobiólogos como Richard Davison lo han demostrado con evidencias científicas.
por Ceppas | Ago 7, 2014 | Terapia General |
Los creadores de la Psicología Positiva comenzaron por realizar una exhaustiva revisión de las grandes obras filosóficas, antropológicas, históricas, religiosas y literarias tanto de Occidente como de Oriente. Entre muchos otros textos, estudiaron el Código Samurai, la Biblia, los escritos de Confucio, de Aristóteles, Epicúreo, Tomás de Aquino, etc. Posteriormente, el análisis de los resultados del cuestionario que elaboraron para delimitar cuáles eran los principales factores asociados a la sensación de felicidad, los lleva a concluir que existirían tres tipos de felicidad o tres caminos para llegar a una felicidad más real o profunda.
1.- Vida Placentera (Emociones Positivas): es el nivel más superficial de felicidad y el de más corta duración. Se remonta a los epicúreos y se refiere al bienestar producto del disfrutar de la comida, del sexo, de la bebida o de una buena película, como explica Seligman. Se trata de aprender a gozar de los placeres de la vida y desarrollar métodos para disfrutarlos mejor (compartirlos con los demás, describirlos, recordarlos y usar técnicas de meditación para estar más conscientes de ellos). Pero, el autor critica este tipo de «felicidad», que él identifica con el estilo de vida hollywoodense o con las campañas publicitarias, donde las personas sonríen ante las cámaras, pero luego consumen pastillas para dormir o bajar la angustia.
2.- La Buena Vida o (Involucrarse Comprometidamente): nivel intermedio de felicidad que se refiere a lo que Aristóteles llamaba eudaimonia, que ahora se denomina estado de flujo. Se trata de la felicidad que surge cuando disfrutamos haciendo algo en lo que sentimos que somos buenos. Para alcanzarla, es necesario identificar cuales son nuestras habilidades o talentos y encontrar dónde usarlos de una manera comprometida, reconstruyendo la propia vida de forma tal de involucrarse en una actividad que le facilite el ponerlos en práctica frecuentemente. Así se logra no sólo un gozo transitorio, sino la sensación de que el tiempo se ha detenido al estar tan absortos en lo que hacemos. Según Seligman, la Buena Vida no es esa vida pesada de pensar y sentir, sino de sentirse en armonía con la música vital. En sus propias palabras: mi perro lo podría resumir así -corro y persigo ardillas, luego existo.
3.- La Vida con Sentido o Significado: estadio superior de felicidad y la más duradera. Se trata de poner las habilidades y virtudes al servicio de alguna causa que se sienta más grande y más allá de uno mismo. Es más que pasarlo bien o estar narcisistamente satisfechos con lo que hacemos bien; se refiere a encontrar aquello que realmente nos motiva en la vida como para desear aportar algo al mundo (una misión, como diría Maslow). Para ello tenemos que identificar nuestras creencias y valores, para después poner nuestras fuerzas al servicio de algo que esté afuera de nosotros mismos. El sentido de vida no se encuentra mirándonos el ombligo, sino que nuestra vida adquiere significado en relación con lo que nos rodea. Cabe aclarar que, aquello que nos produce sentimientos positivos más profundos no es la satisfacción de nuestros deseos ni los logros, sino que lo que nos gratifica es el proceso.
Por todo lo anterior, para acercarnos a esta felicidad superior, es necesario que desarrollemos aquellas virtudes que la Psicología Positiva encontró como propias del ser humano en cualquiera época y cultura: templanza, humanidad, sabiduría, justicia, valentía y sentido de trascendencia. Se entiende por felicidad, entonces, el conjunto de estos tres componentes: placer sensorial, actividad satisfactoria y sentido de vida. Aquél ser humano que se ha orientado, paralelamente, tras la búsqueda de estos tres aspectos y que está abierto a gozar la vida de estas tres formas, está más inclinado a sentirse feliz. Aunque Jung nos advertiría que, en la primera mitad de la vida, es muy difícil que se llegue a la Vida con Sentido.
En un estudio reciente realizado recientemente se llegó a las siguientes conclusiones:
10% del nivel de felicidad sería explicado por circunstancias externas, tales como dinero, salud, estado civil, educación, etc.
50% del nivel de felicidad estaría asociado a componentes genéticos heredados tal como, por ejemplo, el temperamento
40% del nivel de felicidad estaría determinado por la persona misma, por la forma en que mira aquellos que le ha tocado vivir. La felicidad se relaciona más con lo que se piensa de la vida que con las situaciones vitales objetivas.
por Ceppas | Ago 4, 2014 | Sexualidad |
Si se trata de un amor verdadero, no nos atraerán otras personas, no seremos nunca infieles y querremos satisfacer todas nuestras necesidades afectivas y pasionales únicamente con la persona amada, en todo momento y durante toda la vida.
Estas creencias son algunos de los mitos que existen en torno al amor romántico y que la nueva teleserie nocturna del canal 13 pondrá arriba de la mesa, cuestionando nuestra forma de vivir en pareja. “Chipe Libre” ha suscitado anticipadamente mucho revuelo debido al controvertido tema que muestra. En algunos medios nos han entrevistado para recabar nuestra opinión en calidad de especialistas en terapia de pareja. Acá les ampliamos nuestra posición al respecto.
Los mitos que se han construido en torno al amor son tantos y generan tantas complicaciones a la pareja actual que ameritan un serio proceso de desmitificación, de repensar los supuestos que nos mueven en una relación, lo cual expondremos en detalle en un próximo libro. Por ahora nos centraremos en aquellas creencias que guardan relación con esta propuesta de “chipe libre”, especialmente el mito de la monogamia y de la fidelidad.
Según el mito de la monogamia, los seres humanos nos hemos inclinado desde siempre por tener una sóla pareja durante toda la vida; y, según el mito de la fidelidad, quien está realmente enamorado no sentirá atracción por otras personas, por lo que ser fiel le fluirá sin esfuerzo. Se presume que estas tendencias son naturales, genéticas, consustanciales al ser humano y, por tanto universales, es decir, habrían existido en toda cultura y en todo período histórico hasta la actualidad.
Sin embargo, esto no es así. De acuerdo con los expertos, los hallazgos de investigaciones en distintos campos (historia, antropología, socio-biología y neurociencia) han demostrado fehacientemente que dichas creencias respecto de la monogamia y de la fidelidad son un mito. Por ejemplo, a lo largo de su historia el homo sapiens ha adoptado distintas modalidades de unión sexual: monogamia, poligamia, poliandria y promiscuidad. Y hoy en día es muy frecuente la monogamia sucesiva o serial, suerte de poligamia encubierta en que se va rotando de pareja exclusiva cada cierto tiempo.
Por su parte el adulterio y la infidelidad han existido desde que se reglamentaron las primeras uniones de pareja en la Antigüedad y, desde el punto de vista estadístico, sería una conducta «normal», dada su alta incidencia: hasta un 75% en los hombres y hasta un 60% en las mujeres. La predisposición de una determinada persona hacia la monogamia y la fidelidad responde tanto a contextos socio-culturales como a factores relacionales e individuales, algunos genéticos y otros por personalidad. Entonces, hoy existirían en occidente dos grandes opciones: una hacia la poligamia (liberalidad sexual) y otra hacia la monogamia (fidelidad y exclusividad).
Hay que tener claro que hoy vivimos en una cultura posmoderna – hedonista e individualista – donde los vínculos parecen más débiles y donde cualquier goce sería legitimo. No es de extrañar en este contexto que se desconfíe de la entrega y de los compromisos, se aspire a una total libertad y a ser completamente auténticos. Es dentro de esta forma de vivir donde caben estas nuevas tendencias como la monogamia serial, parejas abiertas, amor libre, swingers y este “chipe libre” que nos convoca.
No obstante, por otro lado, en el siglo XXI, todavía altos porcentajes de la población se casan por amor, literalmente se juran amor eterno hasta que la muerte los separe, se prometen fidelidad, construyen vínculos fuertes, consideran la monogamia como un ideal, optan por ser fieles y la gran mayoría opina que el adulterio es una conducta negativa que acarrea serias consecuencias. Esto último se debería a que en las relaciones de pareja impera – explícita o implícitamente – un contrato de fidelidad que se asocia a conceptos tales como confianza, honradez, lealtad y sinceridad. Ello a su vez deviene de un adoctrinamiento cultural de muy larga data, donde la monogamia se ha constituido en un valor ideal tan fuertemente arraigado que, si lo trasgredimos, inevitablemente afectará a todos los involucrados en el triángulo amoroso. De acuerdo con la visión popular del amor romántico que reina en nuestra cultura, dicha trasgresión será leída como ausencia de amor verdadero y por tanto ocasionará dolor, desconfianza y distancia. Recordemos que más que el hecho en sí, lo que nos afecta es la interpretación que nosotros mismos hagamos de ese hecho.
Suponemos que en la teleserie, por ser justamente una teleserie, la pareja que es “aconsejada”(sic) a practicar este “chipe libre” fluctuará típicamente entre sentirse felices ante esta novedosa libertad y probablemente se involucrarán afectiva y sexualmente con otras personas, para culminar en ese manido happy end en que ambos se dan cuenta que el amor verdadero era su propia pareja.
Pero, si se tratase de una pareja de la vida real, el riesgo de terminar separándose es bastante alto, ya que el estar con una persona nueva se activan todos esos intensos procesos bioquímicos propios de las primeras fases de una relación de pareja que pueden conducir al obnubilamiento y a la confusión afectiva. Pueden confundir el enamoramiento pasajero con el amor sexual maduro. Lo que sí es seguro es que más de alguien va a terminar inevitablemente siendo dañado y sufrirá: cualquiera de los dos miembros de la pareja, la relación misma o, sino, la tercera persona del triángulo.
por Ceppas | Jun 29, 2014 | Coaching |
Lucía dice que Juan fue agresivo, que era evidente su rabia. Juan se queja que la agresiva fue Lucía y que él se sintió atacado. Argumenta ¿cómo Lucia puede saber lo que él siente, cuando sus emociones son suyas y sólo él puede conocerlas? ¿Quién tiene la razón?
La inteligencia así como las emociones, son “objetos” que se usan para explicar nuestro comportamiento. Pero ¿existen realmente?
¿Dónde reside la inteligencia? ¿Es “algo” que se pueda medir? ¿Algunas personas tienes más inteligencia que otras?
Hablamos todo el tiempo de la inteligencia como algo que los individuos poseen como algo distintivo. De hecho decimos que los seres humanos somos los seres vivientes más inteligentes del planeta. También afirmamos que Julio es más inteligente que Pedro, o que lo que dijo zutano es más inteligente que lo dijo fulano. Y según esas distinciones y diferencias actuamos, tomamos decisiones, explicamos el pasado y vaticinamos el futuro. De modo que, atributos como la inteligencia son gravitantes en lo que hacemos día a día.
Como Coach me encuentro con esa palabra todo el tiempo, y puede ser motivo de una contratación o de un despido, de un enamoramiento o de una separación. Nadie se cuestiona que exista la inteligencia y en su nombre se justifican acciones que pueden ser muy positivas para otro ser humano… o devastadoras.
¿ES LA INTELIGENCIA UN OBJETO?
En la vida cotidiana así como en los textos científicos se habla de la inteligencia como si fuera un objeto que puede ser descrito objetivamente y estudiado, de la misma manera que cualquier objeto que existe “objetivamente” (fuera de nuestra mente) como el corazón, una molécula, una mesa, un vaso, etc. Sin embargo, a la hora de definir ese objeto las diversas teorías difieren en su definición. ¿Cómo es posible que discrepen en la misma descripción de aquello que ya están estudiando? ¿Qué están estudiando entonces? ¿Se imaginan a un biólogo o a un químico definiendo un objeto que jamás han visto, tocado o percibido experimentalmente a través de alguna señal física?
Pues bien, eso es lo que hacen muchos destacados pensadores. Primero dan por sentado que existe ese algo llamado inteligencia y luego tratan de entender que es, cómo funciona, a que se debe, que la genera o la inhibe, cuantos tipos de inteligencia tenemos, etc.
Lo que no se preguntan es ¿quién dijo que existe algo así?
La inteligencia es ante todo una palabra, en eso creo que todos estaríamos de acuerdo. El artículo LA que la precede ya nos indica que se trata de un sustantivo, es decir, un tipo de palabra que nombra a un objeto. Sin embargo de objeto no tiene nada; no lo vemos, no lo tocamos, no huele, no tiene límites observables, no es mensurable con instrumentos (mecánicos), etc. Es un “objeto conceptual” objetaran algunos, no es físico. Pero ¿Qué es un objeto conceptual?
¿DONDE VIVEN LAS EMOCIONES?
Pensemos por un momento en otro objeto conceptual: las emociones. Nadie las ve directamente, nadie sabe ciertamente cómo se generan, donde residen y se discute hasta el infinito sobre su efecto cuasi determinante en nuestro comportamiento. Al igual que la inteligencia, explica nuestro proceder de manera aparentemente muy convincente. Sin embargo, cuando dos personas (una pareja por ejemplo) se quieren poner de acuerdo en las emociones que sienten, discrepan casi siempre. Lucía dice que Juan fue agresivo, que era evidente su rabia. Juan se queja que la agresiva fue Lucía y que él se sintió atacado. Argumenta ¿cómo Lucia puede saber lo que él siente, cuando sus emociones son suyas y sólo él puede conocerlas? Pero es que tú no te ves- retruca ella-y le da a entender que todo lo que hizo demostraba tu tremenda rabia.
¿Quién tiene la razón? ¿La emoción de Juan es esa sensación que siente Juan en su cuerpo o es lo que observa desde fuera Lucía? Humberto Maturana dice que las emociones son predisposiciones a la acción, pero ¿quién debe juzga el carácter de esas predisposiciones, el que actúa o el que observa al que actúa?
Yo propongo que ambos tienen la razón, pero están hablando de entidades diferentes. Juan interpreta que sus emociones son las sensaciones físicas que le reporta su cuerpo (nudo en estomago, corazón acelerado, respiración más corta, etc.) y que ha aprendido a catalogar durante su vida en lo que el llama miedo, rabia, pena, alegría, etc. Lucía, por su parte, interpreta que las emociones son las que comandan las acciones de Juan y que por lo tanto se “rebelan” en su comportamiento (de que otra manera Lucia podría deducir una emoción en su pareja). La explicación de un tercero (el coach) podría ser es que ninguno de los dos está en realidad observando las emociones tal cual (como quien pudiera ver un color en un cuadro), lo que observan son sus “manifestaciones”. En el caso de Juan sus propias sensaciones físicas y en el caso de Lucía, el comportamiento, las conductas de Juan. Es decir, ambos están interpretando las supuestas “señales” de algo que no vemos directamente, que son las inasibles emociones.
Podríamos seguir escarbando y escarbando y- al igual que con la inteligencia- nunca llegaríamos a encontrarnos cara a cara con las emociones. Sólo frente a sus señales, sus expresiones, sus síntomas, etc. Sin embargo- y esto es lo curioso-jamás descartamos que existan, partimos del supuesto que si existe una palabra que las señala, el fenómeno tiene que existir.
NUESTRO MUNDO DE OBJETOS
Con las emociones no encontramos nuevamente con una entidad no física que todos aceptamos que existe (¿Quién se atreve a negar que existen las emociones?) pero que paradojalmente no nos hemos podido poner de acuerdo que son exactamente. Es decir, estamos ante otro objeto conceptual.
Los objetos parecer ser entidades que podemos percibir del mismo modo dado que compartimos una misma biología y tenemos órganos sensoriales similares (una mesa, una silla, etc.) Podemos relacionarnos con ellos con expectativas similares. En otras palabras, nos sirven de referencia para poder relacionarnos y coordinarnos. Sabemos que si nos ofrecen una silla podremos muy posiblemente sentarnos en ella, sabemos que si nos gritan ¡cuidado viene un auto! debemos evitarlo porque es un objeto duro en movimiento. Pero ¿Cómo nos coordinamos respecto de nuestro mundo interior?
Es aquí donde las palabras adquieren un valor especial. Cuando pensamos que Juan es inteligente es porque coincidimos con su pensamiento o porque actúa de una manera que nos gusta. Si decimos que “Juan ES inteligente” en un contexto laboral – por ejemplo- estamos queriendo probar que está habilitado para hacer bien un trabajo y que es bueno que lo contratemos. Es decir, usamos ciertas palabras (objetos conceptuales) para inducir a los demás a ver lo mismo que nosotros vemos. Pero no decimos que Juan nos gusta o que piensa como nosotros, decimos que “tiene” mucha inteligencia. En alguna medida estamos tratando de que el otro vea nuestro mundo interior del mismo modo como si viera objetos físicos externos. Como si la inteligencia fuese un atributo objetivo de la persona que señalo y no un sentimiento de coincidencia que habita en mi vivencia.
La inteligencia está en la mirada del que observa- al igual que la belleza- pero queremos influenciar a que los otros vean lo mismo que nosotros y para eso tenemos que poner el atributo afuera, lo mismo que si fuera un objeto físico.
Algo similar sucede con las emociones (el otro principio explicativo de nuestras acciones: corazón & razón) .Decimos que el otro- o uno mismo- tiene una determinada emoción para explicar y justificar su/nuestro comportamiento, pero a diferencia de la inteligencia, como algo que no podemos evitar. Somos “guiados” por las emociones, para bien o para mal, son ellas las culpables de lo que hacemos, no nosotros. Lo máximo que podemos hacer es tratar de controlarlas, nunca evitarlas porque son espontaneas, nos descubrimos inmersos en ellas.
Tenemos entonces que la inteligencia es un principio que explica un proceder adecuado, es decir que coincide con nuestras preferencias, mientras las emociones nos excusan de comportamientos de los cuales no queremos hacernos cargo.
Tenemos entonces que hemos inventado en el lenguaje dos “principios explicativos” que olvidamos que hemos creado y luego damos por cierta su existencia y los guardamos en nuestro armario de “objetos conceptuales”. Esos objetos que nos permiten describir nuestro mundo interior como si fuese exterior.
Por eso podemos decir que la inteligencia no es un atributo del observado sino del que observa. Por eso queremos proponer que las emociones viven en quien las juzga más que en lo juzgado.
Que las palabras no señalan lo que buscan alumbrar sino más bien que ocultan a quién las dice.
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