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Blog Hablemos de Pareja y Sexualidad

Otra vuelta de tuerca al mito de Sísifo

Por Alejandra Godoy Haeberle
12 enero, 2015

Sísifo

En forma muy resumida, esta fábula de la mitología griega narra la tragedia de Sísifo, quien fue condenado por los Dioses no sólo a perder la vista sino que a un castigo de por vida mucho peor: debe subir, con las manos y la cabeza, un peñasco enorme por la abrupta pendiente de una montaña, cuya cumbre no ha de alcanzar jamás. En otras palabras, está obligado a empujar a perpetuidad esa enorme roca cuesta arriba, a sabiendas de que antes de que alcance la cima, ésta siempre rodará hacia el valle y deberá volver a empezar todo de nuevo desde el principio.

Como Homero no especifica el motivo por el cual Sísifo fue castigado, se han elaborado diversas teorías interpretativas, entre ellas, que desafió a Júpiter a cambio de agua para su pueblo o que su osadía consistió en revelarles a los mortales los designios de los Dioses, lo cual obviamente evoca al sacrificio de Prometeo. ¿Pero, estas posibles acciones de nuestro héroe se debieron a una suerte de generosidad auto-destructiva o reflejan más bien un modo de expresar que no le tenía ni respeto ni miedo a los Dioses?.

Lo que sí se sabe es que Sísifo tenía fama de ser el más astuto de los hombres, así como el más sabio y el más prudente, según Homero. Algunos suponen que fueron estas cualidades las que hicieron enfadar a los habitantes del Olimpo, aunque especialmente insoportable debe haber sido su extraordinaria astucia, ya que le permitió escapar de los Infiernos. En efecto, gracias a su inteligencia logró engañar al dios de la Muerte, encadenándolo y paralizando su accionar, por lo que Plutón tuvo que enviar al dios de la guerra para liberarlo (¿la guerra deja en libertad de acción a la muerte?). Pareciera que son varios los delitos punibles de este mortal tan particular.

A la temprana edad de 25 años, Albert Camus reinterpreta el mito de Sísifo. Para este filósofo existencialista, el que haya preferido la bendición del agua a los rayos celestes, lo transformaría en el héroe de lo absurdo, sumido en una sensibilidad absurda. Aquel que vive perpetuamente consciente de la completa inutilidad de su vida, es decir, a sabiendas de que el Ser está dedicado a no acabar nunca nada. Siendo el mundo tan fútil, donde la mayor tragedia del hombre absurdo radica en estar cabalmente consciente de su miserable condición, Camus se pregunta: ¿qué alternativa hay al suicidio?.

Sin embargo, según la tesis de Camus, el mismo hecho de saber que nunca lo logrará, el no tener esperanzas, lleva a Sísifo a sentir que su destino le pertenece y ahora, sin amo, experimenta la sensación de libertad durante aquellos períodos en que ha terminado de empujar el peñasco y aún no comienza a subirlo de nuevo, con lo que el descenso puede hacerse con alegría. Es decir, justamente la clarividencia que debía constituir su tormento, consuma al mismo tiempo su victoria. Camus termina su ensayo con la frase “hay que imaginarse a Sísifo dichoso”, sugiriendo así que se salva de cometer suicidio.

El castigo consistente en tener que realizar eternamente un trabajo inútil e inalcanzable, había sido entendido antes como la simbolización de la vana lucha del hombre por alcanzar la sabiduría. No obstante, para Camus representa más bien la metáfora del esfuerzo inútil e incesante del ser humano moderno que consume su vida en fábricas y oficinas sórdidas y deshumanizadas, haciéndolo sentir que su destino es estéril y fútil. En otras palabras, como filósofo existencialista cuestiona el valor de la vida y plantea la opción del suicidio.

El suplicio de estar condenado ad infinitum a realizar un esfuerzo monótono que se sabe sin sentido e inútil, junto a la ausencia total de esperanza escapatoria, simbolizaría una de las mayores angustias existenciales contemporáneas inmersas profundamente en el inconsciente. De este modo, la fábula de Sísifo puede relacionarse, por un lado, con fenómenos tan actuales como los trabajos rutinarios representados tan bien por Chaplin en Tiempos Modernos; los pseudo trabajos inventados para paliar la cesantía; las labores domésticas inacabables; la incertidumbre y la frustración; la ilusoria búsqueda del sentido de vida y de la sensación de seguridad. También puede condecirse con darle al pueblo pan y circo (la TV actual), al mismo tiempo que controlar la educación que se le entrega, con el objetivo de que no se percate de lo absurdo de su vida.

Por otro lado, podríamos darle otra vuelta de tuerca a las conclusiones de Camus en torno a este mito. Aplicado como metáfora de la vida, aunque nuestra existencia individual sea insignificante, nosotros mismos podemos crearle un valor, teniendo presente que el esfuerzo mismo para llegar a la cima basta para llenar el corazón de un hombre y que, paradojalmente, la sensación de dicha emerge cuando todo ello se torna consciente.

Entonces, si finalmente Sísifo acepta lo fútil de su ilusión de ganarle a la roca: será que su contento deviene de haber cambiado su perspectiva? Hubo en él un cambio de actitud tal que mejoró su estado anímico y su calidad de vida? Consiguió vislumbrar más respuestas en su mundo interno que en el externo? Pasaron a ser sus propias expectativas más relevantes que las impuestas por los demás?. Le encontró un sentido a su vida apartándose de los logros y de las comparaciones?. Logró experienciar la vida como un proceso evolutivo sin fin donde son más interesantes las interrogantes que las certezas, donde se puede gozar del camino – incluso del ascendente – aunque no se cumplan las metas ni se llegue a verdades absolutas?

Será que Sísifo dejó de perseguir aquellos logros que supuestamente eran necesarios para alcanzar la tan ansiada felicidad? Será que tomo conciencia que campea la entropía, la incertidumbre y la relatividad, que nada es absoluto, que no podemos percibir la realidad objetivamente, que el ego nos envenena el alma, que construimos expectativas irracionales, pero también se enteró que nuestro cerebro cambia constantemente, que se hace camino al andar, que estamos condenados a ser libres, que paradojalmente podemos encontrar alegría en el proceso de búsqueda de sentido y realización en esforzarnos en pos de ilusiones y utopías.

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