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Blog Hablemos de Pareja y Sexualidad

El Sexo en la Edad Media

Por Alejandra Godoy Haeberle
16 junio, 2010

Al inicio de la Alta Edad Media (entre el s.V al s.IX), la Iglesia recoge lo que quedaba del Imperio Romano, acumula tierras y aglutina a la gente, convirtiéndose en un pilar fundamental para cualquier estado o sociedad, sea este cristiano, judío o musulmán. En este período el Cristianismo llega a consolidar su poder a tal grado, que la teología se hace equiparable a la ley civil y fue tal su nivel de implicación, que osaban explicar desde fenómenos meteorológicos, pasando por procesos evolutivos, enfermedades con sus respectivos tratamientos hasta invadir los espacios más privados como las relaciones familiares y sexuales. Los clérigos pasaron a ser los consejeros espirituales y morales, siendo los únicos capaces de marcar la diferencia entre el Bien y el Mal.

Inicialmente, su principal objetivo fue erradicar ciertas costumbres provenientes de los bárbaros quienes, entre otras prácticas, no habían constituido un matrimonio legal, uniéndose y separándose libremente, aceptaban el concubinato, adulterio e incluso incesto (con primas, hermanas o sobrinas). Con miras a alcanzar sus metas y reafirmarse, la Iglesia declara al instinto sexual como demoníaco sembrando el camino para la Santa Inquisición (la que, junto a las Cruzadas fueron usadas como herramientas de conversión), en tanto que la amenaza del juicio divino y de la excomunión, servían de coto para mantener a la gente relativamente alejada de la intrincada lista de pecados.

La sexualidad, entonces, pasa a considerarse como algo sucio, vergonzoso y digno solo de grupos de baja calaña. Consecuentemente, había que combatir la lujuria como fuese, así que, por ejemplo, un tratado medieval recomendaba como antídoto meter un dedo en agua hirviendo o caminar desnudo por un campo de ortigas. Sin embargo, la propia autoridad eclesiástica caía en conductas “pecaminosas”, tal como el Papa León VII, quien murió fornicando con una mujer adúltera en el 939; o el Papa Clemente II en 1046, que cobraba impuestos a las prostitutas aún después de muertas, consistente en ceder la mitad de su herencia a la Iglesia; o el Papa Juan XII que fue asesinado en 1334 por un marido celoso que lo encontró con su mujer.

Por otro lado, la Iglesia asienta al matrimonio como LA institución que conduciría al orden social deseado, mientras que al mismo tiempo refutaban hábitos “contraproducentes” articulando una serie de principios que, supuestamente, corroboraban las teorías divinas acerca de la pareja y la sexualidad: homosexualidad, prácticas sexuales efectuadas fuera del matrimonio, infidelidad y pérdida de la virginidad. Así, refrenda el matrimonio monógamo, donde cada cónyuge tenía funciones y cotas diferentes – la privada para las mujeres y la pública para los hombres. Los varones debían mantener a la familia y las esposas cuidar de la familia y de la casa, asegurando la armonía de la convivencia. Los tratados de la época recalcaban que el coito solo se debía realizar con fines reproductivos, evitando el placer. Por tanto, casi toda la Edad Media se caracterizó por una lucha enconada contra la sexualidad en todas sus manifestaciones, ya fueran normales o anormales.

Durante la Edad Media y hasta el s.XVI, los matrimonios eran alianzas por conveniencia, no se concertaba basándose en el amor, sino que los casamientos sellaban acuerdos que tenían como objetivo garantizar el linaje, mantener el patrimonio familiar y estrechar los lazos económicos. Pero, paulatinamente, fueron dejándose de lado dichos acuerdos basados en intereses económicos y sociales, pasando a ser el afecto entre los contrayentes un aspecto importante a considerar. []En efecto, el amor románticofue reemplazando los tratos matrimoniales entre las familias, especialmente en la población con menores recursos que defender.

El modelo de amor romántico que prevalece hoy en día en nuestra sociedad occidental procede, entonces, de la Edad Media y su surgimiento se ha asociado a las transformaciones sociales que dieron lugar al nacimiento de la intimidad, a cierto grado de liberación de la mujer, a la relativa superación de las barreras morales o convencionales y a la literatura medieval, cuna de la novela, donde uno de los temas preferidos fue el llamado amor cortés que surge en el s.XI en la región francesa de la Provenza y que se generalizó en los s.XII y XIII. Este tipo de amor se caracterizaba por desarrollarse fuera del vínculo conyugal, ser platónico, desligado de la procreación y secreto. Consistía en una concepción mística del amor, expresándolo en forma noble y caballeresca, donde la mujer era elevada a una imagen mítica tornándola inaccesible, el varón le rendía culto y se empeñaba en ser merecedor de su dama; en el fondo, era sólo un juego lúdico de la aristocracia sin ninguna incidencia en la elección del cónyuge. El amor cortesano sólo podía sobrevivir fuera del matrimonio, apartado de la rutina diaria y muy pronto encontró la oposición de la Iglesia.

Aunque los aspectos amorosos y sexuales estaban claramente obstaculizados por el peso de la religión y el temor a la condenado eterna, una cosa era la teoría y otra la práctica. La sexualidad, el amor y las relaciones de pareja no fueron vividos de la misma manera a lo largo de los diez siglos que duró la Edad Media, ni las doctrinas ascéticas operaron por igual en las distintas capas sociales o esferas intelectuales; originándose prácticas amorosas muy diversas. El contexto o las circunstancias son las que determinaban el cómo, el cuándo y el con quién. A pesar de la fuerza de las creencias religiosas y del gran poder de las leyes jurídicas y eclesiásticas, durante el Medioevo hubo cierta promiscuidad y el sexo impregnaba muchas actividades de la vida cotidiana, a modo de válvula de escape, de desahogo ante una existencia muy corta y sin comodidades, sometida a continuas guerras, hambre y epidemias. Por otra parte, las personas más cultas o de clases más privilegiadas, solían hacer caso omiso de las prescripciones teológicas en virtud de su ateísmo, mientras que los que tenían menos educación se sometían a la autoridad del clero.

Asimismo, la idealización de la mujer, que se había originado en la Baja Edad Media, no era la misma en todos los estratos sociales y culturales. El Cristianismo había cambiado laimagen de la mujer como simple objeto sexual en la Temprana Antiguedad, a ser admirada e incluso idealizada (aunque en la Biblia secreta de Santo Tomás dice que “María debe ser excluida por ser mujer, no merecedora de la Vida”); no obstante, la circunscribe a su rol de mujer-madre, santificando sus atributos maternales, nurturantes, de cuidado y de expresividad de sentimientos positivos.

Los Indoeuropeos habían influido en el proceso de modelar los roles masculinos y femeninos. Estos pueblos ganaderos eran peleadores, guerreros, basando su economía en la fuerza, dominación, violencia y machismo. Las mujeres eran casi esclavas, marginadas de la educación, de las esferas de decisión y hasta sujetas a ritos de violación sexual, aunque al mismo tiempo, se tenía especial cuidado en mantener la “virtud” de la mujer mediante el cinturón de castidad, invento procedente de Oriente que databa de la Europa del s.XII, para garantizar la fidelidad en las continuas y largas ausencias del marido. Aunque ni los judíos ni los musulmanes sufrieron tanta presión como los cristianos en la reglamentación del matrimonio y las relaciones carnales, en todos los casos hicieron del matrimonio una dominación mucho mayor del hombre respecto a la mujer, situándola en una posición de inferioridad y considerándola poco más que una esclava del varón, e incluso en el concilio de Macón se llegó a debatir si tenía o no alma.

Por otro lado, el islamismo también reprimió ferozmente a las mujeres, como lo continúa haciendo hasta nuestros días. En el año 711 los árabes invadieron la Península española y la mayoría de sus habitantes se convirtieron al Islam, religión que, si bien toleraba el placer sexual, relegaba de nuevo a la mujer a vivir para el hombre, a procurarle satisfacción y cuidar de sus hijos. Más aún: se llegaba incluso a considerarla como un instrumento de servidumbre o un simple vegetal. Averroes lo expresa así: “No se ve entre nosotros mujer alguna dotada de virtudes morales; su vida transcurre como la de las plantas, al cuidado de los maridos.” Como algunas se rebelaban recurriendo al adulterio, se impuso como drástico remedio la extirpación del clítoris (esta práctica se sigue realizando en la actualidad en algunos países islámicos cuando la mujer cumple nueve años). Si en el s. XI se relajaron las costumbres y la sociedad española se tornó más tolerante y permisiva, con la caída del califato, los beréberes reimpusieron una estricta moral y una intensa vigilancia que evitara todo contacto entre hombres y mujeres que predispusiese a la “fornicación”.

Con el paso de los siglos, las rígidas prohibiciones en materia sexual a toda la sociedad, se fueron relajando en el caso de los hombres, cayendo solamente sobre la mujer la responsabilidad de castidad, única forma de estar seguro de la paternidad. En tanto que ellos sí podían disfrutar del sexo, si ellas lo hacían se las discriminaba y se las acusaba de viciosas. Los mayores castigos y penitencias por el adulterio femenino vienen a corroborar el doble criterio reinante y, además, el marido se va convirtiendo, imperceptiblemente, en el garante del cuerpo de su mujer, aumentando más aun el control que tenía sobre ella.

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4 comentarios

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Raul Castor dice:

Que poco hemos avanzado en 1000 años, Que peso ha tenido la religión, es mas, que mal nos ha hecho, yo sé que cada vez menos, pero me encuentro mucho con que todavía la mujer espera ser mantenida, ser protegida, otorgándole poder al macho, poder que desequilibra la relación, poder que solo impide una buena comunicación, una conección verdadera, de dos seres humanos distintos, pero que debieran aportar equilibradamente a la relación.

raulcastor

javi dice:

hola, el matrimonio con la idea de familia ya es un concepto y práctica de los griegos alrededor del siglo V AC y pienso que hasta ahora el matrimonio es, a la larga, una busqueda por la estabilidad social y ecónomica, sobretodo después de esos ” 4 años”, mencionados aqui anteriormente. Lo más sobredente para mi al leer este artículo es que la sexualidad sea siempre un tema en el cual jamás hemos logrado un balance, se esconde y se disfraza o se manosea demasiado. saludos, Javi

Alejandra Godoy Haeberle dice:

Concuerdo contigo en que aun quedan resabios del medioevo.

Respecto a los roles sexuales, hoy en día existe una gran confusión y ambivalencia. Ciertamente algunas mujeres caen en lo que tu describes, así como algunos hombres todavía no asumen su parte en los domésticos y en la crianza de los hijos. Para qué hablar de la falta de apoyo que debería proporcionar la sociedad (estado).

Saludos cordiales

Ale

Alejandra Godoy Haeberle dice:

Estoy de acuerdo contigo en que parte del matrimonio es lo institucional (roles instrumentales), pero otra parte muy importante hoy en día son sus roles afectivos.

Saludos cordiales

Ale

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