2 2207 0926 y 2 2207 1126
Badajoz 130, oficina 1101, Las Condes (ver mapa)

Blog Hablemos de Pareja y Sexualidad

Del Amor Moderno al Posmoderno: Lo romántico y confluente

Por Antonio Godoy Delard
7 marzo, 2012

Por Ps. Marcela Yazigi

Para nadie es novedad que nuestra sociedad ha ido cambiando, y que la vivencia del amor y la sexualidad es hoy bastante distinta de la que tenían nuestros padres. Para qué decir nuestros abuelos, y por supuesto nuestros hijos. Todos hemos ido siendo actores y a la vez testigos de los cambios del discurso del amor y el sexo, y de la práctica sobre estos temas.

Ya no es algo que miramos desde lejos, como si ocurriera en el extranjero; es también un fenómeno presente en Chile. Comenzando con la llegada de los métodos anticonceptivos al país a mediados del siglo XX, pasando por las revoluciones sociales y posterior democratización del poder, llegamos a una mayor igualdad de roles de género, la transformación de la estructura familiar y la legalización del divorcio. Asimismo ocurre una mayor apertura ante la diversidad sexual, y – cómo no – una globalización de la información tan evidentemente reflejada en la actualidad en un medio como Internet.  A cualquiera que uno le pregunte, va a responder “sí, las cosas han cambiado”, pero ¿cómo han cambiado?

El sociólogo británico Anthony Giddens (1992) se refería al amor romántico como el modelo que venía imperando en la sociedad moderna, y que ha sido fundamento por siglos del matrimonio y la monogamia, sobre todo en la cultura occidental.

De seguro todos conocemos un sinnúmero de películas donde el o la protagonista corre tras su amor (hacemos la distinción de género, porque décadas atrás habría sido casi impensable ver en el cine a una mujer corriendo tras un hombre…), probablemente en un aeropuerto, mientras el “solo y único amor de su vida” está abordando un vuelo que, de tomarlo o no, definirá si podrán casarse y seguir juntos “para el resto de sus vidas”, y sellando con el beso final – como en el mejor cuento de hadas – un final donde toma vida el ya clásico “y vivieron felices para siempre”.  Corren los suspiros en la sala… pero, ¿y qué pasa con la audiencia si el protagonista se va en ese avión para no volver? Los estudios demuestran que entonces el público no aprueba la película y ésta se vuelve un fracaso.

Canciones con letras como “no puedo vivir sin tu amor” o “dejaría todo por ti”, también nos resuenan a este amor romántico, idealista, pero que más bien parece bastante sufrido y hasta aterrador. La famosa media naranja. ¿No es angustioso acaso sentir que hay una sola persona en el mundo entero para amar y ser correspondidos? ¿Una sola entre tantos millones?! Y qué pasa si esa persona se fue en ese avión y ya no está aquí para “completarnos”… entonces, ¿nos quedaremos a la mitad, con la constante sensación de carencia o falta? No. Ese no puede ser el amor que todos buscamos.

Claro. En un comienzo, en la etapa del enamoramiento, ésa de las “maripositas en el estómago”, sentimos gran deseo y atracción hacia el otro. Nos encanta todo de esa persona, queremos verla o escucharla a menudo, estamos ansiosos por el próximo encuentro, pero (y lamentamos echar a perder el romanticismo de la escena), interiormente lo que está ocurriendo a nivel corporal y cerebral es un estado de alerta y de distorsión de nuestra capacidad de juicio, donde no podemos efectivamente conocer al otro en su realidad. Sólo vemos una parte del otro y de la situación (además, nunca será posible verla toda), y de ésa, hay gran parte que nosotros mismos estamos proyectando en el otro: eso que queremos que el otro sea, y que luego nos va a despertar el deseo y la sensación de complemento de lo que creemos que “nos falta”.

Con lo anterior no queremos decir que este amor romántico no sea vivido subjetivamente como real en el momento. Y tampoco que esta experiencia no pueda llevar eventualmente a un amor más consolidado. Pero ciertamente es en lo que Giddens llamó amor confluente, donde tenemos más posibilidades de sentir satisfacción y plenitud.

Según el autor, el amor romántico vuelve a la persona dependiente de otro, tal como a la mujer por siglos la volvió dependiente del matrimonio y de encontrar “al solo y único macho” como vía exclusiva para afirmar su identidad y justificar su sexualidad. Y en el caso de los hombres, el llamado “romántico”, o bien se ve como sometido al poder femenino, es decir, hay una inversión de la dominancia en la relación (pero no una igualdad); o sino, se vuelve un especialista en la seducción y el donjuanismo, pero al final queda en lo mismo, dependiente emocionalmente (aunque enmascarado) de la mujer que necesita conquistar.

Cuando dos personas, en cambio, se acercan y unen por iniciativa propia, y sólo sostienen esa relación en el tiempo de manera voluntaria, en la medida que ambas mantienen su interés y satisfacción no sólo afectiva sino también sexual, ahí hablamos de amor confluente. Deja de ser pasivo, dependiente, para tornarse activo en la apertura hacia la pareja, para mostrar la vulnerabilidad y las propias necesidades al otro.  Incluso, cuando se habla de la búsqueda de placer sexual recíproco, elemento perteneciente hoy a ambos sexos, se transforma en la clave sobre si se consolida o disuelve la relación a futuro. El erotismo aquí ya no distingue entre mujeres “respetables” o “impuras”. Tanto en el plano de la sexualidad como en el de la intimidad, antes dominados por uno u otro género, el amor confluente surge en una relación que presupone la igualdad en el dar y recibir emocional y sexual. Pero este amor confluente, supondrán, no está exento de problemas.

Aquí se negocia la sexualidad como parte de una relación, pero no como precondición. Es decir, lo que el amor en la sociedad actual busca ya no es tener la ilusión de una firma para siempre, un contrato de amor para toda la vida (que puede sonar tan romántico como lapidario), sino un amor contingente, basado en la aceptación por parte de cada uno de los miembros de la pareja, y en una co-construcción privada de ambos actores de lo que ellos van considerando su amor, y que les va haciendo sentido (o no) de continuar la relación. Pero este continuo “evaluarse” conlleva a que este amor contingente nos deje una sensación de incertidumbre: ¿qué puedo hacer yo para mantener este amor? Si el amor ya no es para toda la vida, ¿qué fortaleza puede tener el vínculo?

A consecuencia de todas estas transformaciones, los lazos afectivos se han ido flexibilizando y aflojando para poder amoldarse a las nuevas expectativas resultantes del individualismo, y también a la búsqueda de satisfacción de la necesidades del ego, propias de la época del consumo (Bauman, 2002). Es así como los vínculos interpersonales se fueron tornando frágiles, vulnerables y precarios, no sólo expresado en el incremento de los índices de divorcio, sino en una multiplicidad de relaciones “alternativas”, como lo son los amigos con ventaja, los solteros empedernidos que van de relación en relación, o las relaciones “light”.

Ya no es como en la película, no va a ser en una sola persona donde vamos a encontrar el amor, la intimidad emocional y la satisfacción sexual. Todo puede ser desechable si no nos satisface plenamente. Y sí, tal cual, muchas de las parejas que nos consultan esperan que el amor “los llene”, o si no, entonces “no es para ellos”.  Sin embargo, el poder que adquirimos al elegir voluntariamente a nuestra pareja, en una asociación de mutuo consentimiento y en una relación de igualdad y reciprocidad, nos permite desplegar nuestra afectividad y erotismo, y también ejercer nuestra libertad tanto de construirla como de terminarla.  Al final, esto nos lleva a reflexionar acerca de la responsabilidad de aceptar nuestra humanidad, las limitaciones propias y del otro, así como a abrazar en esta era posmoderna, la importancia de los vínculos a largo plazo.

Bauman, Zygmunt (2005). Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos.  Ed. Fondo de Cultura Económica, Madrid.
Giddens, Anthony (1992). ”La transformación de la intimidad: sexualidad, amor y erotismo en la sociedades modernas”.  Alianza Editorial, Madrid.

Comparte este artículo:
Visitas a este artículo:
381 views

1 comentario

¿Te gustó el artículo? Te invitamos a comentar sobre el tema que trata.

Enid dice:

De verdad que este espacio es uno de lo mejor que se puede encontrar para comprender la sexualidad humana. Me gusta porque su contenido es integral, enfocado y valorizado en lo que comprende nuestra naturaleza.

Aqui hay material para aprender, asi que todo el que necesita información va encontrar algo muy bueno. Les deseo mucho éxito…

Deja un comentario

Solicita una consulta con nosotros Contáctanos