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Blog Hablemos de Pareja y Sexualidad

Apego Evitativo en Pareja

Por Antonio Godoy Delard
24 abril, 2017

¿Te sientes a veces ahogado dentro de tu relación de pareja? ¿Crees que has perdido libertad y que lo mejor es no atarse a nadie? ¿Tu trabajo es lo más importante? Quizás estés entre los que necesitan mucho espacio para sentirse seguros en el amor.

Estas tendencias forman parte del Apego Inseguro Evitativo-Distante o Rechazante. Los seres humanos necesitamos construir vínculos afectivos sanos y estrechos durante la infancia para que, cuando adultos, podamos sentirnos seguros en nuestras relaciones interpersonales. Es lo que se llama apego, el cual influye no solo en cómo sentimos sino también en cómo pensamos.

Existen principalmente cuatro tipos de apego según como sea la combinación entre la autoimagen y la imagen que se tenga de los demás. En un polo se ubica el apego seguro, donde prima una imagen positiva tanto de sí mismo como de los otros. Y en el otro polo estarían tres estilos de apego inseguro: el ansioso, el evitativo y el ambivalente. Quienes son seguros regulan sus experiencias emocionales manteniendo un adecuado equilibrio entre cercanía y distancia, en tanto que los inseguros se inclinan – en exceso – ya sea hacia la dependencia o hacia la desconexión.

Quienes poseen un Apego Evitativo evidencia una imagen positiva de sí mismo, pero una negativa de los demás. Presentan una alta autoestima y se ven a sí mismos – a nivel consciente – como autosuficientes, inquebrantables y sin mayor necesidad de relaciones muy cercanas. Cuando niños se acostumbraron a autoregularse, autoestimularse y autocuidarse. Basan su elevada autovaloración en sus capacidades y en sus logros, tendiendo a inflar la autopercepción de las partes fuertes de su self.

Pero al mismo tiempo desconfían de los otros, mostrándose suspicaces y escépticos respecto de sus verdaderas motivaciones. Dudan de que sean totalmente honestos, íntegros o que estén realmente disponibles. Otros ven a los demás como tan dependientes que temen que les coarten su preciada libertad. Sin embargo detrás de esta actitud subyace – a nivel inconsciente – un miedo oculto al rechazo y a la pérdida. A modo de defensa se refugian detrás de una caparazón de dureza, tratan de no depender de nadie, se sienten fácilmente asfixiados, eluden la cercanía emocional y el entregarse demasiado. En el fondo se retraen para protegerse de esa sensación de vulnerabilidad que les genera la intensa afectividad de a dos.

Cuando niños pueden haber sido desobedientes y explosivos y cuando adolescente pudieron presentar problemas de conducta y abuso de sustancias. Cuando adultos es posible que se dediquen excesivamente al trabajo, evidencien disociación amor-sexo, abusen del alcohol, muestren rasgos narcisistas, paranoides o antisociales. Como intentan no ver aquellas señales que les insinúan que necesitan cariño ni contactarse profundamente con sus sentimientos, les cuesta saber lo que realmente sienten e incluso les es difícil identificar la alegría y la tristeza. En casos extremos esta desconexión emocional puede llegar hasta la alexitimia. Como también se les despierta un miedo sordo en los momentos de intimidad, evitan abrirse y refrenan la expresión de sus afectos, reflejan una evidente inhibición emocional. No es de extrañar, entonces, que sus relaciones con los demás parezcan un tanto frías, poco empáticas e instrumentales, cayendo a veces hasta en agresiones.

Como mecanismo de defensa para no sentirse inseguros optan por lograr una hiperautonomía, minimizando sus necesidades afectivas y negando activamente el dolor si no se sienten queridos. Prefieren concentrarse en la autorealización personal, confiando en que gracias a sus logros alcanzarán esa sensación de seguridad que tanto anhelan, aunque sea a costa de debilitar sus vínculos afectivos.

En el ámbito de la pareja suelen ser escépticos y pesimistas. A veces no creen que exista el verdadero amor y dudan de la perdurabilidad de las relaciones en el tiempo. Declaran no esperar mucho de una pareja y algunos aseguran que nunca se han enamorado. No obstante, paradojalmente, construyen expectativas bastante altas y rígidas de cómo debe ser su pareja ideal, lo que obviamente los desilusiona una y otra vez. Suelen enfocarse más bien en las imperfecciones de su pareja – incluso en las menores – lo que cumple la función de justificar su distanciamiento.

Por lo tanto se entiende que estas personas traten de evitar las relaciones comprometidas, prefiriendo las más informales, casuales, simples, lúdicas, con baja intimidad, distantes y un tanto frías. Algunos pasan – casi sin pausa – de una pareja a otra, cuyos comienzos son muy intensos, pero pierden el interés y a veces también el deseo sexual al poco tiempo, huyendo tras otra pareja con la esperanza de encontrar la definitiva.

Si están dentro de una relación comprometida y se saben amados, algunos juegan con la idea de separarse porque quieren sentirse más libres, pero generalmente buscan defectos en su pareja para justificar su decisión. Pueden afirmar livianamente que es mejor “cortar por lo sano” antes que quedarse en una relación que los coarta o que no les satisface plenamente, pareciendo que les fuese muy fácil romperla. Sin embargo, si lo concretizan o – peor aún – si su pareja los abandona, suelen caer en un pozo muy profundo que arrastran por largo tiempo. Es entonces cuando se contactan con lo que realmente sienten, se desesperan, se sienten muy solos, padeciendo de ansiedad y estados depresivos.

En el área sexual, aunque el contacto físico les permite un cierto grado de cercanía con su pareja, también les despierta su miedo a la intimidad emocional, por lo que inmediatamente después se vuelven a alejar. A veces este miedo inconsciente a la entrega íntima les puede generar un nivel tal de ansiedad que se les altera su respuesta sexual – especialmente en el ámbito del deseo – lo que los lleve a evitar el sexo con la pareja que aman. Dentro de esta misma línea, el uso – y abuso – de la pornografía, sexo virtual y otros mecanismos similares fomentan su tendencia a disociar el sexo del amor.

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